El Cultivador

78 pensamiento psicodélico Brouwer que al propio Frans Hals. Él había nacido en Haarlem, donde tra- bajó siempre y se labró una trayectoria de gran consideración dedicándose, como su colega, a la pintura de género. Vida de campesinos, especialmente la vida más ociosa, la del juego, el baile y la taberna, de nuevo. Aunque va un paso por detrás de Brouwer, poco a poco su pintura se va saliendo de la senda de éste. Se dirige a la suavidad, a las luces menos con- trastadas, huyendo del claroscuro ini- cial más influido por Rembrandt, al co- loridomás alegre. A la vez que adquiere reputación y comodidades, los perso- najes de su pintura se van también re- finando, son cada vez más educados. Su pintura vira a mitad de su produc- ción y adquiere un tono más idílico, quizás respondiendo a su clientela y el carácter de sus encargos. Y es que von Ostade fue de aquellos que goza- ron de las mieles del éxito, al me- nos, para vivir tranquilamente. Como bien describen desde el Museo Thyssen-Bornemisza: “disfrutó de una buena reputa- ción como pintor y de una situa- ción económica holgada hasta el final de su vida. Los cuadros de su última época representan a granjeros educados instalados en ambientes confortables”. De todas sus obras, nos que- damos con Interior de una ta- berna (1661) y Campesinos be- biendo y fumando en una taberna (1645-1655), por dos ra- zones: la primera es que viven en nuestro país porque son parte de los fondos del Thyssen; y la se- gunda, para que comparen. Para que comparen el carácter fluido de la pincelada de Brouwer, con lo compactado de la de Ostade, mucho más rotundo. También apreciaréis otros cambios, como que los personajes son represen- tados adoptando posturas más correctas, está todo más orde- nado. Y a la vez, son pinturas más anodinas, donde la expresividad del frenesí festivo en todas sus formas tan propia de la pintura de Brouwer desaparece para de- jar espacio a la solemnidad, la oscuri- dad. Las tabernas de von Ostade, aun- que sean las mismas que las de Brou- wer, son más frías, menos acogedoras. David Teniers el Joven David Teniers, o Teniers II (1610- 1690) procedía de Amberes, como Brouwer. Sin embargo, las vidas de am- bos no pueden resultar más diferentes. Teniers se educó con su padre, también pintor, para pronto desbancarse al de- dicarse a la pintura de género y entrar a formar parte del Gremio de San Lu- cas. El gremio de pintores fue una ben- dición en su carrera. Tras ser decano, se relacionaría con el obispo de Gante y hasta con el gobernador de los Esta- dos de Flandes. Trabajar para él ayu- dándole a conformar su colección de arte, no sólo le sirvió para poder estu- diar la obra de grandes maestros, sino también para llegar a ser nombrado pintor de la corte en 1651. Y con tal em- pleo entenderán que todo siguió su- biendo, tanto el trabajo como la fama. Ganó presencia internacional por tra- bajar con grandes mecenas de su tiempo y culminó su aportación cre- ando la Academia de Amberes, apo- yado por Felipe IV. Aunque se dedicó primeramente a la pintura de género, su trabajo ha sido muy diverso. No obstante, destaca su gusto por “temas amables de la vida y la naturaleza”, su “encanto por lo me- nudo”. Y en esta línea, aunque Teniers también visitaba las tabernas, como Ostade y Brouwer, tenía una mirada más alegre y complaciente, como nos cuentan desde El Prado: “Teniers, a di- ferencia de Adriaen Brouwer, dio una imagen amable de las tabernas, de las gentes paupérrimas, de los borrachos y fumadores que su maestro nos tras- mite con más profundo y sincero dra- matismo” 3 . Pueden observar Fumadores en una taberna (1635) o Fumadores y bebe- dores (1652) para opinar. Quizás, en perspectiva, lo que resulta más curioso de su producción es que, aunque su trayectoria se refine, no abandona su gusto por entornos cotidianos, poco propios de artistas de su caché y ma- lentendidos por la sociedad más se- lecta, pero estimados por el cómplice público holandés. En definitiva, pueden convenir que estos tres son tres buenos testigos de la vida de taberna, amigos de fumado- res de marihuana y bebedores que su- pieron retratarlos con estilo. Unos con más dramatismo, otros con más ter- nura y otros con más alegría, pero to- dos con respeto a la cotidianeidad de su existencia, sus hábitos y sus expre- siones. Sed libres para escoger vuestro favorito. Referencias 1. Molyneux, J. (2004). Rembrandt y revolución . Madrid: El viejo topo. 2. Para más información: https://goo.gl/m6HzDf. 3. Para más información: https://goo.gl/rjDthj. Y en esta línea, aunque Teniers también visitaba las tabernas, como Ostade y Brouwer, tenía una mirada más alegre y complaciente Escena de taberna (1658), de David Teniers el Joven (CCBY-0, Wikipedia) Fumadores en interior (1637), de David Teniers el Joven (CCBY-0, Wikipedia)

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