El Cultivador 4

que el de baja presión a 0,5 atmósferas. El vapor sobrecalentado producido en una caldera de alta presión, en comparación con el vapor de baja presión, permite un mejor transporte a través de las tuberías. Esa ventaja es evidente, en rela- ción con los procesos de ex- pansión. El vapor sobrecalentado de alta pre- sión, a lo largo del camino de la caldera hasta el suelo, prác- ticamente se expande a pre- sión atmosférica. El vapor pierde en densidad y gana en volumen. Esto significa que, a esa temperatura, y a pesar de la expansión, puede mante- nerse -si el camino de trans- porte no muy largo- una tem- peratura de 150ºC. De esa manera se origina un vapor sobrecalentado que a lo largo del proceso de expansión no puede absorber más agua, con lo que permite una más fácil penetración en el suelo sin conllevar a un embarrado La expansión en el camino de la caldera hacia el suelo también afecta al vapor de baja presión saturado a un máximo de 100º C. Sin em- bargo, como por su baja pre- sión no puede recalentarse en la atmósfera saturada de vapor y empieza a condensar a partir de su salida de la cal- dera, se produce un vapor hú- medo poco adecuado para la vaporización de suelo. Las calderas modernas de baja presión están equipadas con un sobrecalentador que contrarresta por completo el problema descrito. De esa forma, se recalienta el vapor a 200º C antes de salir de la cal- dera. De esa manera llega al suelo un vapor seco. Cuanto más caliente sea el vapor, más tiempo puede ser transpor- tado sin presentar condensa- ción. Vapor de alta presión en el suelo Los agricultores y jardineros interesados en la vaporiza- ción opinan que con la alta presión es más fácil vaporizar el suelo, ya que puede entrar más rápido y con mayor fuerza. Sin embargo, la reali- dad es precisamente la con- traria. Debido a la alta presión, los poros del suelo quedan sellados, lo que difi- culta la entrada del vapor e incluso llega a impedirlo. El resultado es un rápido ralen- tizamiento y la consiguiente paralización del proceso de vaporización. Además, la pre- sión llegaría a levantar la cu- bierta (lona o campana). Va- porizar requiere tiempo, y por ello la baja presión es la vía óptima para alcanzar buenos resultados y disponer de un suelo sin malas hierbas ni en- fermedades. La vaporización y otros procesos térmicos Aparte del vapor sobrecalen- tado, existen otros tipos de procedimientos térmicos para la lucha contra los rastrojos silvestres; entre otros: radia- dores infrarrojos, quemado- res, sistemas de agua caliente. Muchas veces, el grado de efectividad de esos métodos no es suficiente y el consumo energético en el trabajo en la erradicación de malas hierbas no es rentable. Los radiadores de calor son poco agresivos con las superficies, pero re- quieren un tiempo prolon- gado de exposición hasta lograr que el calor origine su- ficiente daño en la mala hierba, sobre todo en aquellas en que el punto vegetativo se encuentra por debajo de la su- perficie. Lo mismo sucede con los quemadores, a los que también falta el efecto de pro- fundidad. Los sistemas de agua ca- liente son un sistema un poco más avanzado. Con esos tra- tamientos específicos se llega a las partes más profundas de las malas hierbas, se las des- truye con temperaturas supe- riores a los 65º C, y se logra un éxito a largo plazo en su erradicación. No obstante, los procedimientos a base de agua caliente vienen de la mano de un elevado consumo de agua y de grandes pérdidas energéticas. Todos esos in- convenientes pueden evitarse en gran medida con el uso de vapor sobrecalentado, que es lo que aquí defendemos. salud verde 66 Aparte del vapor sobrecalentado, existen otros tipos de procedimientos térmicos para la lucha contra los rastrojos silvestres

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