El Cultivador 4
mundo cannábico 72 emplea directa o indirecta- mente a más de 50.000 per- sonas de la sociedad holandesa (coffeeshops, ban- cos de semillas, trabajadores de grow shops y tiendas de souvenirs, tiendas de cáñamo, revistas). También están los beneficios añadidos que aporta el cannabis a la econo- mía holandesa (aerolíneas, taxis, hoteles, restaurantes y actividades turísticas en gene- ral que atrae el turismo can- nábico también). Cultivar cannabis en Ho- landa se está convirtiendo en un negocio complicado. El clima no permite cultivos co- merciales en exterior, así que la producción para los coffe- eshops se hace en interior e invernaderos. Los cultivado- res holandeses normalmente trabajan con plantas madres y esquejes, y muy raramente con semillas de sus cosechas. Los grow shops en Holanda son grandes y están bien pro- vistos de la última tecnología; los más profesionales incluso ofrecen consejos de cultivo y apoyo técnico. Los cultivado- res más activos tienen una red de localizaciones, porque es más fácil y más seguro que operar con grandes produc- ciones centralizadas. Hay mucha competencia en el mercado holandés, y habi- tualmente la yerba de mejor calidad acaba en los coffees- hops, mientras que la de menor calidad se exporta a otros países (Alemania, Reino Unido, Bélgica, Francia e Ita- lia como destinos más comu- nes, pero algunas veces también llega hasta Japón y Australia). A los cultivadores holande- ses les gusta probar nuevos equipos y nuevas técnicas, y hay distintas tendencias que compiten por los mejores pre- cios del mercado. La yerba bio-orgánica siempre es la más solicitada, así como los cogollos hidropónicos de gran potencia. Esto genera una amplia gama de variedades y tipos de yerba en el mercado. Los mejores coffeeshops tie- nen menús muy variados, y llegan a tener más de treinta tipos diferentes de yerba. Holanda es tolerante desde el siglo XVII, cuando co- menzó la libertad de prensa que atrajo a los escritores per- seguidos de toda Europa. Y la tendencia continúa, aun más en estos tiempos; en los últi- mos treinta años muchos ex- tranjeros han tenido que acudir a Holanda en calidad de refugiados cannábicos, y muchos de ellos han conse- guido ser figuras famosas dentro de la escena cannábica gracia a sus genéticas y a su trabajo. Algunos han abierto bancos de semillas. La mayo- ría de las variedades que tie- nen éxito hoy en día derivan de los clones traídos a Ho- landa desde EEUU o Canadá, así como de África, Asia y Sudamérica. El aspecto comercial de la producción de cannabis ha traído consigo muchos aspec- tos negativos. El crimen orga- nizado está cada vez más involucrado con la produc- ción a gran escala y la expor- tación de cannabis, mientras se mantiene ocupado con otras actividades ilícitas como las drogas duras y la prostitución. Debido a que la demanda es siempre mayor que la oferta, algunas organi- zaciones criminales han em- pezado a “cortar” la yerba con metales pesados o polvo de vi- drio, una práctica extremada- mente peligrosa que creó una gran alarma entre la sociedad holandesa. Muchos cultivado- res utilizan pesticidas y pro- ductos químicos peligrosos en sus cosechas, pocos coffees- hops analizan sus productos en busca de pesticidas o sus- tancias tóxicas porque la ley no lo requiere. La mayoría de los coffeeshops bien estable- cidos sí analizan su cannabis para garantizar la ausencia de pesticidas y una mayor cali- dad del producto. Un lugar diferente en la so- ciedad holandesa está reser- vado para el cannabis medicinal, producido y distri- buido por el Ministerio de Sa- nidad a través del BMC (Oficina para el Cannabis Me- dicinal). Esta oficina expide licencias legales para cultiva- dores del estado, y controla la producción y distribución a farmacias. El proceso de pro- ducción está estrictamente controlado, y los productores tienen que cumplir las nor- mas internacionales para la producción de plantas medi- cinales. El cannabis medicinal de los cultivadores con licen- cia del gobierno no se vende en coffeeshops. El programa gubernamental de cannabis medicinal dio comienzo en 2001, pero nunca llegó a ser muy popular, porque el precio del cannabis medicinal en far- macias es mucho más alto que en los coffeeshops y el sistema sanitario no subvenciona el cannabis medicinal. Como consecuencia de esto, la ma- yoría de los enfermos que ne- cesitan cannabis medicinal lo compra en los coffeeshops, donde es más barato. Mirando al futuro, parece ló- gico esperar que el cannabis vaya a estar incluso más regu- lado y más aceptado en Ho- landa, teniendo también en cuenta el tema de la produc- ción. Parece que estos últi- mos treinta años deberían representar una transición entre la ilegalidad y la legali- dad, como un proceso de aprendizaje de la sociedad. Pero, a veces, las fuerzas polí- ticas y económicas presionan contra el cannabis de tal ma- nera que es imposible hacer una predicción realista. Lo que sí es seguro es que los amantes del cannabis de todo el mundo siguen conside- rando Holanda como el cen- tro de la cultura cannábica. Y sigue siendo el único lugar del planeta donde uno puede en- trar en una tienda, elegir una variedad de cannabis de la carta y fumarlo, sabiendo que no está cometiendo un delito, sin sentirse un delincuente. Esta es aún una sensación muy especial, sobre todo para los que se han educado en so- ciedades más represivas. Lo que sí es seguro es que los amantes del cannabis de todo el mundo siguen considerando Holanda como el centro de la cultura cannábica
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