El Cultivador 40
de coco, turba rubia o de jardinería, o la mezcla de todos ellos. En tierra madre, deberemos trabajar y acon- dicionar bien el suelo donde vayamos a cultivar. Además, si cultivamos en maceta, tendremos que añadir algún material que actúe como drenaje en el fondo de la misma como arlita, sepiolita, zeolita, piedras, etc., siendo el primero de ellos la mejor opción para el autocultivo de cannabis. Por último, no debemos dejar que el agua se acumule en ningún plato o bandeja bajo la maceta. Efectos de la falta de agua El metabolismo vegetal se basa en mecanismos por los que la pérdida de agua es inevitable, pero, cuando ésta supera a la capacidad de absor- ción, el funcionamiento normal de los procesos fisiológicos se ve alterado. Las células disminuyen su turgencia por la pérdida de agua, lo que se tra- duce en el marchitamiento de la planta. Si esta situación se prolonga, las células mueren y la mata se va secando hasta sucumbir completa- mente. Cuando el déficit hídrico se convierte en una situación duradera, las plantas que sobreviven emplean diversos mecanismos de adaptación a esta situación, dando lugar a un conjunto de cambios metabólicos por un proceso llamado aclimatación. Las respuestas a medio plazo incluyen el ajuste del potencial osmótico por una acumulación de solutos, los cam- bios en la elasticidad de la pared celular y cambios morfológicos 2 . Por ejemplo, las plantas expuestas a una escasez de agua permanente alcanzan menor altura y producen menos. También pueden darse cambios here- ditarios si se suceden diversas gene- raciones en la misma zona y situación. La adaptación a largo plazo a la sequía incluye patrones fijados genética- mente de asignación de biomasa, modificaciones anatómicas específicas y mecanismos fisiológicos sofisticados, con una reducción del crecimiento global para equilibrar la obtención de recursos 3 . Por esta razón, hay variedades que consumen más agua que otras o muestran mayor resis- tencia la sequía o la salinidad. Un terreno excesivamente drenado favorece la escasez de agua, ya que tendrá poca capacidad de retenerla. Los suelos arenosos tienen esta carac- terística y es necesario añadirles materia orgánica (turba o compost) para mejorar su estructura. Si culti- vamos en maceta y en fibra de coco, debemos tener en cuenta que no es aconsejable utilizarlo sin mezclar durante los meses más calurosos en exterior, ya que se seca rápidamente. En caso de utilizar este sustrato en verano y al aire libre, deberemos aña- dir algún material que aumente la retención de humedad. Asimismo, si llevamos a cabo un cultivo de gue- rrilla, donde lo normal es regar poco, también tendremos que procurar que el terreno tenga una buena capacidad de retención de agua sin comprometer la aireación. En ambos casos podemos añadir al sustrato algo vermiculita o polímeros, que tienen una gran capa- cidad de absorción que ayuda a man- tenerlo húmedo por más tiempo. La calidad del agua Otro de los elementos que determi- nará en gran medida la eficiencia de nuestros riegos será el agua empleada en ellos. Ésta deberá cumplir ciertos requisitos si queremos que el rendi- miento de nuestro cultivo sea óptimo, ya que su calidad influye directamente en la disponibilidad de nutrientes para el sistema radicular. En el cultivo de cannabis, los dos parámetros que debemos controlar son el pH y la EC. La escala del pH nos permite medir la acidez de una sustancia en valores comprendidos entre el 0 y el 14, siendo los más ácidos los cercanos al 0 y los más básicos, los próximos al 14. El grado de acidez del agua y del suelo incide directamente sobre la solubilidad de los nutrientes, por lo que es muy importante que éste esté ajustado. La gran mayoría de cultivos toleran valores de pH de entre 5,5 y 7. Un pH inferior a 5 en el medio radicular incrementa la solu- bilidad de diversos metales como el aluminio o el zinc (fitotóxicos en grandes cantidades), aumentando su disponibilidad en el sustrato y su absorción por parte de las raíces. Por otra parte, cuando es superior a 7,5, se ve limitada la disponibilidad de micronutrientes como el hierro, el manganeso y el boro, que son muy poco solubles en estas condiciones. El pH ideal para el riego del cannabis está en torno a 6,5, valor que es supe- rado habitualmente por el agua del grifo, siendo necesario ajustarlo si la utilizamos para regar. En cuanto a la EC, al medirla esta- mos evaluando el riesgo potencial de que el agua deposite grandes canti- dades de sales en el sustrato, ya que 23 cursos EC las plantas expuestas a una escasez de agua permanente alcanzan menor altura y producen menos Medir la EC es importante porque de esta forma tendremos mayor control sobre la alimentación de las plantas Una carencia de hierro podría indicar que el pH es demasiado alto
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