El Cultivador 40
las siguientes: neuralgia, gota, tétanos, hidrofobia, cólera, convulsiones, corea, histeria, depresión mental, locura y hemorragia uterina. En 1894, la comisión formada por el gobierno británico para investigar el uso y propiedades del cannabis en las colonias indias identificó en primer lugar las enfermedades nerviosas como las tratadas principalmente por los médicos tradicionales de la India. Así, se trataba con cannabis la “fiebre cere- bral”, calambres, convulsiones infantiles, dolor de cabeza, histeria, neuralgia, ciática y tétanos 10 . Esta Comisión había recorrido gran parte del territorio indio observando y entrevistando a 1.193 tes- tigos de 13 provincias diferentes, para lo que usaron cuestionarios estandari- zados. Los resultados de su investigación se publicaron en 3.281 páginas y ocho volúmenes con evidencias, además de un volumen extra. Otras drogas empleadas para tratar la histeria en Europa han sido el opio, el shock anfetamínico y la cocaína, pero el cannabis fue, con diferencia, la más empleada en el tiempo y en dife- rentes países 11 . ¿Por qué cannabis y masturbación para tratar la histeria? Como apunta Maines en su riguroso e interesante libro La tecnología del orgasmo. La «histeria», los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres , resulta cuando menos curioso que una enfermedad, diagnosticada como his- teria desde al menos el siglo IV hasta que la Asociación Psiquiátrica Ameri- cana eliminara el término en 1952, estuviera tan relacionada con el fun- cionamiento normal de la sexualidad femenina, mejorando sus síntomas mediante el orgasmo, ya sea por coito en la cama matrimonial o por masaje en la mesa del médico. ¿Cuál era el problema? Que muchas mujeres no conseguían el orgasmo en sus relaciones heterosexuales. El modelo de sexualidad saludable o “normal” ha sido, desde la instauración del patriar- cado, la penetración de la vagina con el pene hasta el orgasmo masculino. Así, la definición según la cual el acto sexual tenía tres pasos esenciales: la preparación para la penetración, la penetración y el orgasmo masculino, estaría en la raíz de la epidemia de his- teria que inundó las salas y los bolsillos de muchos médicos. Una actividad sexual que no implique por lo menos las dos últimas fases no se ha conside- rado “lo de verdad”, ni popular, ni médicamente, ni legalmente 12 . Dife- rentes estudios a lo largo del siglo XX demostraron clínicamente la dificultad de, al menos, la mitad de las mujeres para conseguir orgasmos de manera regular de esta manera 13 . Obviamente, en este contexto, la mas- turbación o las relaciones lésbicas no eran una opción para las mujeres insa- tisfechas, pues se consideraba que el orgasmo auténtico únicamente era pro- porcionado por el coito heterosexual. Este enfoque androcéntrico, de hecho, escondía el carácter sexual de los tra- tamientos médicos con masaje. Como no había penetración, los defensores de la hipótesis de que solo la penetración satisfacía a las mujeres podían argu- mentar que no ocurría nada sexual cuando las pacientes experimentaban lo que se denominó paroxismo histérico bajo tratamiento. El tratamiento de la histeria adquirió tal envergadura en el siglo XIX, sobre todo entre las mujeres de clase alta, que los médicos tuvieron que buscar una herramienta que acortase el tiempo de duración del masaje vaginal (una hora de media) y que no cansase tanto a los médicos y comadronas que lo aplicaban. Así nacieron los vibradores mecánicos, los primeros funcionaban a pedal, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se inventarían los vibra- dores a vapor, y después los vibradores electromecánicos (los manuales existen desde hace 30.000 años). Durante décadas, los vibradores fueron comer- cializados como aparatos médicos y sólo empleados por ellos. En 1900 exis- tían docenas de modelos de vibradores en el mercado, los cuales usaban una gran variedad de fuentes de energía y contaban con impresionantes juegos de accesorios, era el boom de la vibra- toterapia. Pero los avances en la tecnología y las necesidades de las mujeres dieron lugar a los vibradores domésticos, los cuales se anunciaban en las revistas femeninas de principios del siglo XX junto con los anuncios de jabón y maquillaje fluido. Cuando el vibrador, empleado en las consultas médicas desde el decenio de 1880, empezó a aparecer en películas eróticas de 1920, Ia ilusión del uso de vibradores “pro- fesionales” en las consultas médicas y de un tratamiento clínico alejado de la sexualidad y el orgasmo no pudo sos- tenerse. Pero, fuera de las consultas, las muje- res han continuado usando tanto el vibrador como el cannabis para aumen- tar su satisfacción sexual. Queda pen- diente aún desmontar algunos mitos de la sexualidad heteropatriarcal, como la necesidad del coito para conseguir orgasmos o la genitalidad como fuente 45 sexualidad Este tratamiento se convertiría en el tratamiento clásico de la histeria Existen referencias al tratamiento de la histeria con cannabis desde el siglo XV Portada del libro de Rachel Maines, La tecnología del orgasmo. La «histeria», los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres Los vibradores eran anunciados en revistas femeninas de principios del siglo XX
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