El Cultivador 41
73 pensamiento psicodélico También en Los orígenes del Impre- sionismo , editado por el Metropolitan Museum of Art, se explica con mucha claridad la deuda de nuestro protago- nista con Manet: “Pero la pintura de Cézanne no es fiel a la composición de Manet. En lugar de eso, hace explícitos muchos de los mensajes ambivalentes de Manet: aquella Olimpia era prosti- tuta, y el escenario un burdel. El ob- servador que sólo insinúa Manet está en realidad incluido en la pintura de Cézanne, y muchos escritores han en- contrado en él parecido a Cézanne. Así en cierto sentido, uno podría decir que Cézanne no sólo ha pedido prestada la famosa obra de Manet, sino que se ha metido en ella” 3 . La influencia de Manet es obvia, pero no siempre ha sido tan bien vista. Por el contrario, al exhibirse la obra, se su- cedieron los ataques. Louis Leroy, crí- tico que se opuso a la pintura impre- sionista escribía para Le Charivari : “¿Recuerdas la Olimpia del señor Ma- net? Bien, esa era una obra maestra en dibujo, precisión y acabado, compa- rada con la del señor Cézanne” (TIN- TERAW, LOYRETTE, 1994). Y Marc Montifaud escribiría para la revista francesa L’Artiste que la obra Olimpia de Cézanne es “como una vi- sión voluptuosa” y alude a Baudelaire y a su obra Los paraísos artificiales al decir “este rincón de paraíso artificial ha sofocado a los más valientes (…) y el señor Cézanne parece una especie de loco, que pinta agitado por el deli- rium tremens ”, que refleja en su obra “extrañas formas surgidas del hachís, tomadas de un enjambre de sueños las- civos” 4 . Al hablar de “paraísos artificiales”, primero Charles Baudelaire (en la obra del mismo nombre) y aquí Montifaud, aluden a ese lugar común en el que se accede de unmodo artificial, mediante el consumo de hachís (y otras sustan- cias como el opio) a sitios propios de la fantasía. Para Baudelaire, la palabra artificial tenía una connotación nega- tiva, pues al pasarlo por el filtro de su moral, el paraíso creado con ayuda del hachís no era real y el individuo, al su- mergirse en estos sueños embriagado- res, corría el riesgo de querer perma- necer allí, haciendo de su paraíso, una cárcel. Montifaud, para criticar a Cé- zanne alude a Baudelaire y comparte su desaprobación moral del consumo de hachís. Aún así, no hay datos que nos hagan pensar que el autor tomara alguna sus- tancia embriagadora antes o preten- diera plasmar los efectos de la misma. Pero eso poco importa porque la obra, quizás por el uso de espátula, por su carácter abocetado que refleja rapidez en su ejecución o por el propio tema representado, parece una ensoñación erótica, y es por ahí que puede relacio- narse con el hachís. Recuerda a los sueños descritos por los artistas románticos cuando con- sumían los preparados de hachís pro- venientes de Oriente reunidos en el Hotel Pimodan de París ( Le Club des haschischins ), o como narraba Ale- xandre Dumas que vivía el colocón Franz en El Conde de Montecristo (1844): “parecían duplicarse las fa- cultades de sus sentidos. (…) Luego todo parecía que se confundiese y se borrase a su vista, (…) hallándose de nuevo en la habitación de las estatuas (…) ricas de formas, en lujuria y poe- sía, de ojos magnéticos, sonrisa las- civa y larga cabellera. Friné, Cleopatra y Mesalina, las tres cortesanas céle- bres (…). Entonces le pareció que las tres estatuas habían fundido sus amo- res en uno para un hombre solo, y que este hombre era él, (…) y que se en- tregaba por último a aquellas caricias dolorosas como un abrazo, y volup- tuosas como un beso (…). Entonces, todas aquellas bocas de piedra se ani- maron y palpitaron aquellos pechos hasta tal punto que para Franz, que por la primera vez conocía los efectos del hachís, este amor era casi dolor, esta voluptuosidad casi tortura, sobre todo cuando sentía posarse en su boca ardiente los labios de las estatuas, fríos y petrificados como los anillos de una serpiente. Sin embargo, cuanto más se esforzaba en rechazar aquel amor imaginario, más se engolfaban sus sentidos en el sueño misterioso, hasta que después de una lucha en que tanto deseaba quedar victorioso como vencido, cedió del todo, abra- sado de fatiga, hastiado de voluptuo- sidad, con los besos de aquellas mu- jeres de mármol y con los encantos de aquel sueño inconcebible” 5 . Cézanne al final, Cézanne ahora Al final, la Olimpia hachichina que- daría en anécdota. Sin embargo, aun- que se sucedieron en los siguientes años distintas muestras alternativas de los impresionistas, Cézanne sólo par- ticiparía en una más, la tercera llevada “El señor Cézanne parece una especie de loco, que pinta agitado por el delirium tremens ”, que refleja en su obra “extrañas formas surgidas del hachís” Retrato de la señora Cézanne , h. 1890, de Cézanne (Google Art Project, CCBY-0, Wikipedia) Los jugadores de cartas , 1890-95, de Cézanne (CCBY-0, Wikipedia) La casa del ahorcado , 1873, de Cézanne (The Yorck Project, CCBY-0, Wikipedia)
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