El Cultivador
54 cultura cannábica En Patan estábamos en la azotea de un restaurante esperando a que nos sirviesen la comida y una de las chicas que estaba sentada en la mesa de al lado, estaba desmenuzando algo entre sus manos. Supuse que era hierba y me atreví a acercarme a preguntarle que si había semillas en eso que estaba tirando al cenicero. Efectivamente, cinco semillas que me regalaron en vez de tirarlas. Las chicas no se terminaron de liar el cigarrillo y aunque, a priori , no les conocían, se sentaron con dos chicos que estaban en otra de las mesas. Uno de ellos acabó ayudándoles a liarlo y, tras encenderlo, me ofre- cieron probarlo. Les pregunté si estaba mezclado con tabaco y, ante la respuesta afirmativa, lo rechacé amablemente. El chico que me ofre- ció fumar sacó una bolsita donde tenía más hierba con semillas y me regaló un pequeño puñado. Con el estómago lleno, las semillas de regalo y habiéndoles agradecido el trato, marchamos a visitar Swa- yambhunath, el templo de los monos, donde pudimos disfrutar del comienzo de la noche con la vista de la luna llena iluminando la ciudad. Pokhara Como el viaje no estaba cerrado y queríamos viajar a Pokhara y hacer senderismo por la zona, el día siguiente en Katmandú nos lo toma- mos conmás calma, barajando dife- rentes opciones y buscando la mejor forma de llegar hasta allí. La dis- tancia que separa las dos ciudades es tan sólo de 200 kilómetros y se puede viajar por avión o por carre- tera. Nos decidimos por la segunda opción, pero debido al estado de las carreteras, el viaje duró siete horas. Un autobús con asientos bas- tante cómodos y vistas increíbles, siguiendo el cauce de los ríos Trishuli y Marshyangdi, de origen glaciar y con aguas de color esmeralda blan- quecino, hicieron que el viaje fuese más ameno. Al llegar a Pokhara el ambiente es mucho más relajado, se respira una paz especial, sobre todo a orillas del lago Phewa con los Annapurna de fondo. Esa tarde la invertimos en conocer las inmediaciones del lago, bien asesorados por un colega desde España, pregunté por charas en una tienda de parafernalia, pero sin suerte esa vez. El día siguiente alquilamos una moto para subir a conocer la Pagoda de la Paz Mundial y visitar la cas- cada de Devi, y apalabramos la contratación de un paquete de sen- derismo, combinado con estira- mientos de yoga, antes y después de cada excursión. Senderismo, estiramientos y cannabis La idea era brutal y la experiencia lo fue aúnmás, tres días y dos noches en un circuito de dificultad media alrededor de Pokhara con un guía y un instructor de yoga, ambos nepa- líes, con los que nos comunicamos perfectamente en inglés. La primera mañana nos desperta- ron con el sonido de los cuencos tibetanos, y nos trajeron una infusión a la habitación, empezamos el día con una sesión de estiramientos y tras un fuerte desayuno, comenza- mos nuestro camino cruzando el lago Phewa en bote. Ya de camino hacia las montañas, iba hablando con el guía y le pregunté si nos encontraríamos alguna planta de cannabis salvaje en los bosques, ante lo que me respondió que sería muy raro en esa ruta. Sin embargo, me contó que, hacía un par de sema- nas, había visto una planta que esta- ban cultivando en una de las aldeas a las que íbamos a ir. Con la ilusión puesta en esa planta, llegamos a la aldea donde dormirí- amos la primera noche, dejamos nuestras mochilas y agradecimos estar un rato estirando y la posterior sesión de relajación guiada, después de todo el día caminando. Al finalizar la cena, y con el can- sancio acumulado, bastaron un par de caladas en la pipa para terminar el día. La mañana siguiente comenzó con la misma rutina que la anterior, esta uno de los amigos de su padre se dedicaba a enviar su cosecha a India por medio de lugareños Sandalias de cáñamo, hechas en Nepal Sadhus en el templo de Pasupatinath El lago Phewa, en Pokhara, tiene un atractivo especial cuando aparece la niebla, a primera y última hora del día
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