El Cultivador
69 pensamiento psicodélico La imagen de la odalisca ha llenado nuestra Historia del Arte de desnudos femeninos y de sensualidad. Para representar este erotismo, muchos pintores aludían al mundo oriental y esta referencia, lejos de ceñirse en exclusiva al desnudo de la concubina, también era apreciable en otros detalles, como los incensarios e incluso las pipas, que plagaban estas representaciones para acrecentar aúnmás la carga de sensualidad. La gran odalisca de Ingres es nuestra favorita. La excusa de la odalisca por Lupe Casillas Una odalisca pintada por Ingres La gran odalisca o Una odalisca (1814) de Dominique Ingres (1780-1867) es, en palabras del comisario del Museo del Prado, Carlos G. Navarro, “uno de los cuadros mayores de la tradición del desnudo universal” 1 . Seguramente, ningún lector se está encon- trando cara a cara por primera vez con esta imagen y, si lo hiciera, habría que preguntarle si ha vivido en una cueva hasta este momento, porque es difícil que esta obra no haya pasado por sus ojos, pues forma parte ya de la memoria cultural colectiva, si tal cosa existe. El lienzo, pintado al óleo representa a una odalisca, es decir, una concubina que forma parte de un harén, probablemente de algún sultán o mandatario poderoso y con gusto por los placeres carnales. Se nos presenta desnuda y de espaldas, en una postura de escorzo complicado y gira su cabeza mirando directamente al espectador, casi sabiéndose observada. Está echada sobre un lecho cubierto con las más ricas telas y parece estar acariciándose la piel con un abanico de plumas de pavo real. También hay en el cuadro un cierto olor oriental, visible en el tur- bante de lamujer representada y en la presencia de un incensario y una pipa. La pieza fue realizada como parte de un encargo doble que Caroline Murat, hermana pequeña de Napoleón, le hizo a Dominique Ingres para decorar las estancias privadas de su apartamento, en el Palacio Real de Nápoles. El pintor francés cumplió el trabajo con La gran odalisca y La bella durmiente . Esta segunda pieza se halla hoy desaparecida, aunque sabemos que se trataba de otro desnudo. Por su parte, La gran odalisca sorprendió precisamente por eso. Era un desnudo sin jus- tificación porque el pintor siendo completamente La gran odalisca sorprendió precisamente por eso. Era un desnudo sin justificación Odalisca reclinada en un diván (1827-28), de Eugène Delacroix (Web Gallery of Art, CCBY-0, Wikipedia) La gran odalisca (1814), de Ingres, detalle de la mano (Sailko, CCBY-SA 3.0, Wikipedia)
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