El Cultivador
70 pensamiento psicodélico honesto artísticamente nos presentó a esta mujer tal y como vino al mundo, sin usar temas mitológicos o necesidades argumen- tales como excusas. Un desnudo porque sí. Un desnudo por el desnudo. Y esto, desgraciadamente, no fue bien visto por la crítica, que se escandalizó y afanó en dedicarle su hostilidad al pintor cuando vie- ron la obra colgada en el Salón de París de 1819, centrándose sobre todo en aludir al poco rigor anatómico mostrado en la repre- sentación del cuerpo femenino. Decían que contaban tres vértebras más en la mujer que las que tienen las columnas vertebrales humanas. Decían que la pierna izquierda salía de la nada, como si no se uniera con la cadera. Y decían, en definitiva, que esa figura en escorzo era irreal e imposible. Tuvo que venir el rey, Luis XVIII para acallar a los detractores, que obedecieron al silencio en cuanto el borbón comentó que el único error de la pintura se encontraba en la firma, en la que el verbo pintar estaba mal conjugado. Y así, se zanjó la cuestión. Desde luego, este desnudo no es naif ni frío, pues en el lienzo cada detalle invita al Odalisca , de Ferdinand Roybet (Art Renewal Center, CCBY-0, Wikipedia) Odalisca con esclavo (1842), de Ingres y Flandrin (CCBY-0, Wikipedia) En el lienzo cada detalle invita al placer sensorial y habla de sensualidad
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