El Cultivador

72 pensamiento psicodélico América, con la colonización que comenzó tras su descubrimiento en 1492, en forma de pipa americana y se habría hecho pronto presente en todas las costas bañadas por el Mediterráneo, africanas y asiáticas, pero no mucho antes de 1600. En el lado opuesto, la corriente que parece acertada defiende el origen afri- cano o persa del narguile y apoya su tesis en los resultados de excavaciones arqueológicas que, durante todo el siglo XX, se han venido realizando en África austral y oriental. La posibilidad del origen africano ha sido ampliamente defendida por especialistas como A. Dunhill y J. E. Philips. Dunhill ha loca- lizado en la tribu de los Hotentotes, la pipa de agua dakka como precedente del narguile. A este respecto, el inves- tigador Chaouachi comenta, en una revisión de la bibliografía existente res- pecto al narguile, la confirmación de un hallazgo en una gruta etíope que situaría el instrumento en África en el siglo XIV: “El caso de la gruta etíope donde han sido encontrados unos hor- nillos para pipa de agua y cuyo uso para fumar cannabis en el siglo XIV ha sido confirmado con métodos quí- micos, constituye una prueba en esta dirección” 1 . Parece, a la luz de esta última información, que la primera hipótesis se ha venido abajo, pues el narguile ya estaría en África, con prue- bas que lo atestiguan, antes de que los españoles llegaran a América. De modo anecdótico, merece la pena reseñar que también existe una mino- ría de investigadores que, siguiendo el estudio de Kandela 2 , localiza el ori- gen del narguile en India y, aunque no hay opción descabellada, la fun- damentación para esta hipótesis no resulta sólida. Sea como fuere, lo que sí puede pre- cisarse es el momento en que el narguile hace su debut como artefacto social y comienza a incluirse en la cotidianeidad de la gente: “Se puede fijar el momento del inicio del uso social del narguile a gran escala en concomitancia con la aparición de los cafés públicos y el uso del tabaco” (Chaouachi, 2005). El narguile en el mundo Antropológicamente, el uso de la pipa de agua es algo compartido por muchas culturas, pero los matices de los usos hacen que la experiencia de fumar así sea vista de muy distintas formas en cada sitio. En lugares como el Líbano, el narguile siempre había sido un objeto popular, capaz de reunir a su alrededor a todas las generaciones de una familia, y se asociaba con la convivencia y la armonía familiar. Incluso ha llegado a convertirse en el símbolo de la vuelta a la paz des- pués de la guerra civil libanesa acaecida hace no tanto. A Egipto y Libia había llegado a la par, en el siglo XVII, y había sido fácil- mente incluido en la rutina, en los cafés del Cairo o en los de Trípoli, ser- vido por esclavos. Y en la cercana Turquía, hubo una época en la que sus calles estaban pobladas de “ nargile bars ”, dedicados a este objeto de formas sinuosas, pero han ido desapareciendo todos y los que quedan ya no son los genuinos. En Siria un fumador de narguile trans- mitía la seriedad que el clásico fumador en pipa occidental, mientras que en Yemen el uso del narguile estaba reser- vado para espacios privados, de mayor intimidad. Los tunecinos, por su parte, preferían consumir marihuana o hachís en él antes que tabaco y, por otra parte, La danza de Almeh (1863), de Jean-Léon Gérôme (CCBY- 0, Wikipedia) Cabeza de rebeldes en la mezquita de El Hasanein, Cairo (1866) de Jean-Léon Gérôme (CCBY- 0, Wikipedia) Se usan las figuras masculinas y femeninas para hacer referencia a distintos matices de este mundo exótico

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