El Cultivador
73 pensamiento psicodélico en Afganistán rechazaban el tubo para aspirar flexible y solo lo fumaban con una caña. Los chinos, al conocerlo, acogieron bien la introducción del narguile en sus hábitos, pues les permitía consumir opio mezclado con tabaco y era un utensilio menos sensible que las pipas de opio y más cómodo de transportar. El narguile en el arte La Historia de la Pintura, en tanto que es modo de representación y expre- sión de la cultura de una sociedad, ha visto cómo sus cuadros se poblaban de esta parafernalia de fumador, especial- mente en la pintura de corte orientalista que tan popular se hizo en el siglo XIX. El narguile, como artefacto, es usado en la pintura para aludir al mundo oriental, la sensualidad y el erotismo, un mundo exótico, embriagante y oní- rico, de fantasía, lleno de color y crea- tividad. Además, como instrumento es posibilitador o acompañante enmomen- tos de privacidad, de distensión y es también catalizador de la conversación. No obstante, conviene aclarar que las connotaciones que rodean estas alu- siones difieren en función del género de lo representado, es decir, se usan las figuras masculinas y femeninas para hacer referencia a distintos matices de este mundo exótico. Esto es compren- sible si tenemos en cuenta que la His- toria del Arte ha sido hecha eminente- mente por hombres y, por tanto, con- tamos sobre todo con su prisma. Por ello, si nos aproximamos a la pin- tura orientalista percibimos una clara distinción: si la representación tiene como protagonistas a los hombres, la escena con narguile suele ser de tipo íntimo, una reunión privada masculina donde parecen primar la armonía y la convivencia; pero, por contraposición, si exploramos las escenas donde la protagonista es la mujer, podemos apreciar como las escenas de la inti- midad cotidiana están cargadas de ero- tismo y sensualidad, y hay un gusto desmesurado por los harenes, las oda- liscas (concubinas) y los baños. Esto ha contribuido a que se genere una imagen idealizada del mundo oriental, que decepcionaba a muchos viajeros que, motivados por las noticias que de estos lugares les llegaban mediante la pintura y la sociedad, se apresuraban a viajar por ellos para encontrar que la realidad era más abu- rrida de lo que la pintaban. La sola representación del narguile es ya, por las propias formas del artefacto, un estímulo de nuestra imaginación Bashi-Bazouk cantando (1868), de Jean-Léon Gérôme (CCBY- 0, Wikipedia) Chica árabe con narguile (1873), de Jean-Léon Gérôme (CCBY- 0, Wikipedia)
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