El Cultivador
71 pensamiento psicodélico La íntima relación que arte y religión mantienen es casi tan vieja como la propia existencia humana, pero ¿puede incluirse el cannabis para que la pareja haga un trío?; y, de hacerlo, ¿qué papel cumple en todo esto el cannabis?, ¿es posibilitador de la experiencia mística?, ¿se usa en rituales?, ¿es el arte testigo y narrador del encuentro entre cannabis y religión? La religión del cannabis por Lupe Casillas U na de las facetas del arte es aquella que lo vincula a lo religioso, a lo espiritual o incluso a la mística, si es así como queréis considerarlo. El arte como modo de expresión humana ha tenido también hueco para explicar los cuestionamien- tos respecto a la trascendencia del ser, sus búsquedas espirituales o sus ideas religiosas. Hay quien diría, de hecho, que el arte del mundo occidental se ha con- figurado en torno a la religión cristiana católica, apostólica y romana, y que solo el poder adquisitivo de esa gran empresa –la primera y gran inmobi- liaria del mundo, entre otras cosas– en que se ha constituido el Vaticano podría haber generado tal volumen de producción artística y de tal calidad. No obstante, ese es otro debate que, aunque muy interesante, no nos ocupa hoy que tratamos lo religioso y espiri- tual en su relación con el cannabis y el arte. Sobre todo, porque no quere- mos mirarnos el ombligo y pretendemos no quedarnos en una visión sesgada, sino dar cabida a otras perspectivas diferentes. A lo largo de la historia de los usos del cannabis, su función en rituales de carácter religioso es algo constante en múltiples culturas del mundo y es que nuestra planta amiga ha sido ampliamente considerada como una buena puerta para conectar con la espiritualidad. Son innumerables los casos de consumidores que afirman que el cannabis les ayuda a acercarse a Dios, a aproximarse al sentido de la vida, a sentirse parte de un todo inter- conectado, a experimentar unidad con lo natural o últimamente a encontrar paz y serenidad. La perspectiva del arte El arte y sus abanderados, los artistas, han sido espejo de estas intenciones prácticas con las que se ha usado el cannabis y, aunque su huella no es siempre rastreable –resulta más explí- cita en la literatura, por ejemplo, que en las artes plásticas–, podemos hallar alguna que otra alusión, como el popu- lar caso de Los paraísos artificiales (1860), obra de cabecera en la literatura cannábica, pues Baudelaire escribió mucho acerca del hachís y sus efectos: “Ya no se trata de algo remolinante y tumultuoso. Es una beatitud apacible Nuestra planta amiga ha sido ampliamente considerada como una buena puerta para conectar con la espiritualidad Sadhu fumando ganja en Calcuta (Biswarup Ganguli, CCBY-SA 3.0, Wikipedia)
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