El Cultivador

56 cultura cannábica a ver la finca de su tío, un terreno cer- cado de tierra donde la mayor parte es arena y donde este cultiva diferentes variedades de plantas, tanto comestibles como medicinales. La medicina tradi- cional basada en plantas sigue siendo muy utilizada en la isla. Hudeifa me enseña sus plantas orgulloso y me explica que su padre es un comandante de la policía y que, a pesar de que ahí no puede plantar cannabis, sí que lo ha hecho en su casa en la azotea, sin que su padre se haya dado cuenta. Me relata también, que “todos los policías fuman hierba” y que incluso en la puerta de la comisaría hay alguna planta siendo cultivada. La corrupción es tam- bién un gran problema en Kenia. De un hueco en la cocina, una cons- trucción hecha por su tío, principalmente a base de cañas y hojas de palmeras, saca un paquete cilíndrico y unos ciga- rros liados para enseñarme que es lo que él fuma. Parami sorpresa, el paquete está lleno de palos, algunas pocas flores y, esta vez sí, muchas semillas bien formadas. Es bangi , me explica, la importan y viene en esos paquetes al peso. Ya que los cigarros que tenía liados tienen un filtro con tabaco, le pido que me deje hacerme uno finito con un cartón, a lo que accede encan- tado. Compartimos unas primeras caladas, esta vez se nota que el vegetal está más seco y también predominan los sabores a curado. Sin embargo, al tener menos aroma que la de lamañana, y al haber consumido hacía poco tiempo, el efecto que percibo no es tan intenso tras las primeras caladas. Nos acabamos la cañita y, como no podía ser de otra forma, le pido llevarme las semillas que había en el paquete; al fin y al cabo, él las iba a tirar y las acabamos guardando en una caja de cerillas que me regala para transportarlas. Está atardeciendo yme pide que corra, le acompaño siguiéndole como puedo y subimos una pequeña colina donde están algunos amigos suyos viendo la puesta del sol. La carrera mereció la pena, no todos los días puede uno ver el sol despidiéndose entre la jungla. Muy agradecido con Hudeifa por las lecciones y la experiencia. Con mi pre- ciada caja de cerillas volvemos hacia Lamu ya casi anocheciendo. Dejamos aquí esta primera parte del viaje, para continuar en el siguiente número de este periódico con las téc- nicas de cultivo de un cultivador de guerrilla de la isla vecina, que nos vendió su propia cosecha y tratamos sobre el absurdo percance que surgió en el viaje de vuelta con la policía del aeropuerto de Dubai. Hasta la próxima y, como siempre, os animo a seguir aprendiendo porque nunca es suficiente. el paquete está lleno de palos, algunas pocas flores y, esta vez sí, muchas semillas bien formadas Hudeifa tenía preprados unos cigarros liados La finca donde Hudeifa cultiva en plena arena

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