El Cultivador
71 pensamiento psicodélico André Breton es una figura clave para entender la Historia del Arte reciente pues, aunque no es artista plástico sino poeta, con sus ideas ayudó a vertebrar el surrealismo e influenció hasta la saciedad la producción pictórica del siglo pasado, mientras consumía fielmente hachís. André Breton El poeta que marcó la pintura por Lupe Casillas A ndré Breton nació en Tinchebray, Francia, en 1896. No parecía, de primeras, que su destino estuviera en las letras, pues debido a las presiones familiares, se había dedicado a estudiar medicina y había profundizado en psiquiatría, llegando a conocer las obras de Sigmund Freud, que tan importantes resultarían pos- teriormente para él. Durante la I Guerra Mundial, tra- bajará en hospitales psiquiátricos, donde comenzará a realizar sus pri- meras investigaciones acerca de la disociación psíquica y los límites de la conciencia. En este contexto, conoce a Jacques Vaché y Paul Valéry. Con ellos, y sobre todo con este último, entrará en contacto con el arte y el grupo dadaísta, para el que se con- vertirá en referente hasta que, un año después, rompa con Tristan Tzara, el fundador del movimiento. En 1920, publica su primera obra Los campos magnéticos , en la que junto a Phillipe Soupault, ensaya con la escritura automática y experimentan con las posibilidades que ofrece. En 1924, escribirá su Manifiesto del surrealismo , donde vertebrará el movimiento artístico exponiendo las ideas principales que le dan estructura. Este no sería el único manifiesto que escribiría, pues publicaría otros tres más, con la intención de darle al surrealismo un cariz político que, por supuesto, lo sitúa a la izquierda. Breton era comunista, seguidor de los presupuestos marxistas e incluso por un tiempo afiliado al Partido Comunista Francés (PCF), del que se acabó desbancando en 1935, al ver que le resultaba imposible usar el surrealismo como instrumento de propaganda de sus principios políticos. Hemos de anotar que Breton, a pesar de abogar por la libertad humana fue inflexible e intolerante con sus coetáneos y tenía pocos mira- mientos para condenarlos o expulsarlos de sus círculos cuando convenía que sus comportamientos no estaban acorde con los presupues- tos que él defendía. Tal hermetismo y obcecación le valieron el apodo de “papa negro del surrealismo”, o de “tirano”, por ejemplo. Tal hermetismo y obcecación le valieron el apodo de “papa negro del surrealismo” André Breton en 1924 (Anónimo, CCBY-0, Wikipedia)
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