El Cultivador
72 pensamiento psicodélico Sea como fuere, no podemos entender el arte del siglo XX sin repasar su pro- ducción, aunque esta sea de corte literario. Porque en este caso Breton es un poeta y no un artista plástico. Sin embargo, la influencia de su obra en el arte plástico en general, así como sus referencias al cannabis, lo hacen digno de ser referenciado en este espacio de El Cultivador dedicado a la relación entre arte y drogas. Los manifiestos surrealistas El primer manifiesto surrealista fue escrito y publicado en 1924. Breton ya había fundado con Philippe Soupault y Louis Aragón la revista Littérature , y en su entorno se había conformado un grupo de artistas en los que se con- taban los dos últimos junto a Paul Éluard, René Crevel, Robert Desnos o Benjamin Perét, entre otros. Todos ellos compartían las ideas que se pro- claman en este primer manifiesto. En el prólogo a la obra, elaborado a posteriori por Aldo Pellegrini, este sin- tetiza bien las intenciones depositadas por el autor en el texto cuando escribe: “De las lecturas de los manifiestos surge claramente que el surrealismo no es simplemente una escuela literaria o artística; representa ante todo una con- cepción del mundo. En esa concepción son los valores vitales del hombre los que se jerarquizan en más alto grado, y entre estos, la imaginación, con sus resultantes, la acción creadora y el amor. Todos estos valores solo pueden realizarse cuando el hombre goza de la plenitud de su libertad” 1 . Lo que es claro es que el manifiesto de Breton no pretende crear escuela, generar o liderarmovimientos artísticos, sino proclamar a vuelapluma una filo- sofía de vida, una actitud, una manera de estar en el mundo, priorizando la libertad primero, y la imaginación y el amor, después; pero, sobre todo, res- tándole poder de acción a la mente lógica y racional. Por eso, conviene en definir el surre- alismo como concepto, explicando que es el “automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar tanto verbalmente como por escrito o de cualquier modo el funcionamiento real del pensamiento” o, dicho de otro modo, es el “dictado del pensamiento, con exclusión de todo control ejercido por la razón y al margen de cualquier preocupación estética omoral” (Breton, 2001). De ahí puede extraerse que el surrea- lismo no pretende anular la mente, sino dejar que actúe sin estar dirigida por los dictámenes de la razón, es decir, sin que medie el filtro de la lógica humana. Por eso, “tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos” (Breton, 2001) para que quede solo la mente. No la mente pura y dura, ya que Breton considera que el sueño es uno de esos mecanismos que no han de despreciarse, porque el surrealismo “se basa en la fe en una realidad superior de ciertas formas de asociación desde- ñadas hasta la aparición del mismo, en la omnipotencia del sueño y en el libre ejercicio del pensamiento” (Breton, 2001). Él mismo se apresura en exclamar que “es inadmisible, en efecto, que una parte tan considerable de la actividad psíquica haya retenido tan poco la aten- ción en las gentes hasta ahora” (Breton, 2001). Las vitales aportaciones de Sigmund Freud para el desarrollo de la psicología El manifiesto de Breton no pretende crear escuela, generar o liderar movimientos artísticos El surrealismo no pretende anular la mente, sino dejar que actúe sin estar dirigida por los dictámenes de la razón André Breton en el festival Dadá de París en 1920 con cartel diseñado por Francis Picabia (Anónimo, CCBY-0, Wikipedia) Ejemplar de 1926 de la revista La Révolution surréaliste (Mcleclat, CCBY-SA 3.0, Wikipedia) André Breton (Claudio Elias, CCBY-0, Wikipedia)
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