El Cultivador
Sé que puedo vivir eternamente en un instante así. Veo su polla. Gracias, señor. Se mete conmigo y me estrangula los pezones con fuerza. –¡Ay! –me quejo. Entonces me coge la cara y me besa con una suavidad extrema, como si mis labios fueran de cristal y pudieran romperse en cualquier momento. Me lame una mejilla y huelo su saliva húmeda y espesa. “Ahora baja y lámeme así cada parte”. El agua se sale de la bañera. Ahí va mi flujo derrochado. No para de tocarme el clítoris y el movimiento es perfecto, arrítmico, rápido, suave, como el palo de un violín acariciando las cuerdas. Mi cuerpo es una orquesta entera y él tiene la batuta. “Danza, preciosa sirena con la cola escamada, femme fatale a punto de convertirse en puta, puta recién des- virgada, amazona con armadura montando una triste figura”. Carmina, Carmina, Carmina, dimi- nutivo de Carmen siendo tú tan grandiosa. Coge la botella de vino y me la echa empezando por el cuello. Me lame y se detiene en los puntos exactos. Me chupa los pezones haciendo ruido y yo a estas alturas ya estoy práctica- mente gritando. Sigue tocándome el clítoris y el placer es tan extremo que se confunde a veces con dolor. Morir o vivir debe ser prácticamente la misma cosa. Si muero esta noche, en un orgasmo infinito, voy a ir directa al cielo. Pero la gloria está aquí. Está en sus manos, en mis uñas resquebrajando su espalda y comiendo de su carne como un león de una gacela. El mundo se bifurca en su lengua bífida que me desgasta y tiene veneno. Me atrae hacia él y me pone encima. No puedo describir el momento en el que lo siento dentro... no son las paredes de mi coño las que vibran, son las cos- turas de mi cuerpo que se rompen, son mis ojos entornados, es mi rostro desencajado ymi voz en su oreja pidién- dole que nunca más en su vida vuelva a salir de ahí. Una canción nos acuna de fondo: “Que tú me quieres dejar, que yo no quiero sufrir, contigo me voy mi santa aunque me cueste morir”. Me coge de las caderas y él marca el ritmo. Le cojo el cuello y solo me dejo llevar, no hay un ápice de resistencia que me quede ahora mismo. Voy y vengo, soy la reina del baile, soy la música, soy la luna follando con el sol en una noche tibia de verano. Soy (ahora me acuerdo) yo flotando en la placenta como cuando no había nada. Me aparta con brusquedad después de unos minutos y, cuando recupera la respiración, me besa el pelo. A mi me va a costar recobrarme. “Quiero que me hagas esto todas las noches hasta que mi coño se inunde como un cayuco llegando a la costa y esa agua le haga una gotera enorme a la vecina”. El oído del timbre nos despierta de ese estado de ensoñación. Oigo golpes insistentes y timbrazos intermitentes. Me pongo una toalla lo más rápido que puedo y abandono nuestra bañera de semen y burbujas. Miro por lamirilla y no puedo dar crédito. Está ahí, de pie. “A” parece nerviosomientras sigue tocando la puerta. 80 diario de Carmina Morir o vivir debe ser prácticamente la misma cosa. Si muero esta noche, en un orgasmo infinito, voy a ir directa al cielo El fotógrafo Luis Campillo con una de sus musas
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