El Cultivador

54 cultura cannábica Dubái, escala más larga de lo esperada El viaje de vuelta se presentaba largo, pero sin complicaciones. Antes de salir de Kenia, en el aeropuerto de Nairobi, un gran cartel recuerda las leyes en cuanto a las drogas: diez años por posesión o consumo. Voy limpio, así que sin miedo alguno. Sin embargo, todo cambia cuando hacemos escala en Dubái. Son nueve horas dentro del aeropuerto con la opción de salir a visitar el país. Cansa- dos de no hacer nada, decidimos pasar el control de pasaportes para dar una vuelta por la ciudad, pero justo después, en la inspección de equipaje de mano, es cuando me dan el alto. Les llaman la atención los brazos extensibles del flash de la cámara, que, al estar retor- cidos, ser largos y de metal, son detectados por la máquina de rayos X. Con tal mala suerte que el agente de aduanas comienza a inspeccionar la mochila para ver que es el artefacto que les da la alarma y, en el primer bolsillo, de casualidad, encuentra un pequeño paquete (del tamaño de la uña del dedo gordo) rodeado de gomas elásticas que no dejan ver el interior. Eran las semillas de las flores de Kusta, que había guardado en la bolsita de plástico. Al abrirlo, me pregunta que de que son las semillas y le digo que no lo sé, que me he ido encontrando semillas por diferentes sitios y las he ido cogiendo. Efectivamente, al poco de seguir sacando cosas de la mochila, encuentra una bolsa con semillas de baobab y de otras plantas y le repito mi coartada, que difícilmente iba a colar. En otro de los bolsillos, aparece la caja de cerillas, con las semillas de Hudeifa. Mientras sigue registrando la mochila, aclarado ya lo del flash de la cámara, el agente de aduanas empieza a asustarme diciendo que si no confirmo si las semillas son de can- nabis o no, me harán análisis de sangre para comprobar si hay restos de can- nabis en mi organismo. Ante la encerrona, le cuento que son semillas que me han regalado en Kenia y discutimos sobre cómo van a poder ellos saber si son semillas de cáñamo o de cannabis con alta concentración de THC. Al terminar el primer registro de la mochila, me lleva hacia el departamento de aduanas, donde procede a cache- arme, delante de otro agente, haciéndome quitar la ropa, para dejarme en calzoncillos. Ya que se han asegurado de que no llevo nada encima, pasamos a una sala donde el mismo agente cuenta las semillas, una a una, rompiendo alguna que no estaba formada del todo. Oliéndolas, se asegura que son de cannabis y utilizando una báscula de precisión, las pesa, distinguiendo las dos variedades. Al menos, me sirvió para saber que había 59 semillas de la variedad de Kusta ( shashamane ) y 75 de la de Hudeifa ( bangi ), y que las primeras, a pesar de ser menos, pesaban más que el conjunto de las segundas. El trato del agente es adecuado, nos entendemos bien en inglés y comenta- mos la absurda situación, por las semillas de una planta en concreto; las otras, de diferentes variedades de plan- tas recolectadas durante el viaje, me las devuelven sin problema. Terminado el conteo y pesaje, y tras hacerme firmar distintos documentos, el agente me dice que me van a subir a la comisaría de Policía, donde tendré que firmar por lo ocurrido y tras lo que me dejarán ir sin cargos. Sin embargo, al llegar a la Policía, ya de formamenos cordial, estos me dicen que el proceso será más largo de lo queme habían comentado en la aduana y que por lomenos llevará cuatro horas, me esposan y sacan del aeropuerto, para meterme en un furgón La caja de semillas de Bangi de Hudeifa que se quedaron en Dubái Encontré esta planta creciendo detrás de la casa de nuestra amiga Esposado por unas semillas

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