El Cultivador
74 pensamiento psicodélico Rembrandt, Vermeer, El Greco, Van Gogh, Monet o Picasso. Y algunos de los visionarios falsos serían Cranch, Raphael, Caravaggio, Rubens, Turner, Courbet o Renoir. Qué tiene el arte visionario No contento con manifestar sus defi- niciones del arte visionario y acotarlo a ciertos movimientos y artistas, tam- bién se dedica a explicitar cuáles son los temas propios del trabajo artístico visionario. Todos ellos provienen de fuentes tan diversas como las institu- cionalizadas Sagradas Escrituras (temas como la Creación, el Cielo y el Infierno, el Juicio Final, etc.), las fantásticas mitologías (nórdicas grecolatina, etc.), el zodiaco, el tarot, la alquimia… Todo un mundo de seres imaginarios, todo un laberinto de arquetipos y identida- des, un gazpacho místico que tiene cabida en este arte visionario siempre que esté puestos al servicio del artista, para servirle de lenguaje para hacer visible lo invisible y en esta tarea, el artista ha de ser preciso. La técnica, por su parte, también es bastante libre. Con respecto al ideal de belleza, este concepto, buscado en el arte visionario, se alcanzaría mediante el equilibrio de la tensión, la tensión entre las líneas, el color, las formas: “todas las imágenes de la composición deben manifestar esta tensión –las partes luchando para revelar el unificado todo; y el todo cayendo una vez más en la dispersa multiplicidad–” (Caruana, 2001). Los alucinógenos como ins- trumento visionario A los alucinógenos, Caruana les dedica todo un apartado de su manifiesto. No obstante, como punto de partida, parece que le interesa la relevancia del consumo en su vertiente espiritual o religiosa: “Las sustancias psicodélicas han desempeñado un importante papel espiritual y mitológico en muchas cul- turas históricas. En la India, los antiguos vedas mencionan el soma, (…) en la antigua Grecia, se decía que los dioses bebían ambrosía y néctar, que muy bien pudo haber sido una referencia velada a los hongos aluci- nógenos Amanita muscaria y Panaeolus papilionaceus . En el medio y lejano oriente, el cannabis ha estado presente desde hace mucho tiempo bajo numerosas formas (hachís, charas, bhang, kif) e inspiró prácticas religiosas entre los sufíes y los brahmanes. Se sabe que los aztecas y los mayas usaron peyote (…). Mientras tanto, en América del Sur las tribus amazónicas usaban yagé”. Y concluye señalando la dife- rencia europea: “la cultura europea reconoció oficialmente el vino, la cer- veza y varios licores (alcohol) como una fuente legítima de reunión social e incluso como sacramento religioso” pero “condenó enérgicamente el uso de psicodélicos” (Caruana, 2001). “Los estados mentales ofrecidos por los alucinógenos sonmuchos y variados. No se trata simplemente de «qué imá- genes» pueden surgir. Más difícil de transmitir para el artista visionario son las muchas modalidades de percepción, los múltiples estados mentales y los tipos de percepciones que se pueden dar” (Caruana, 2001). Y si el Surrea- lismo se apoyó en las entonces novedosas teorías de Freud para ahon- dar en los procesos más inconscientes de la psicología humana, esta disciplina también le sirvió de muleta a Caruana, que acude a la psicología transpersonal, a Wilber y a Grof, para explicar esas visiones. Aludiendo a las palabras de Grof, las experiencias transpersonales, seme- jantes a las sesiones psicodélicas, pueden ser interpretadas como regre- siones en el tiempo, exploraciones de su pasado biológico o espiritual, como recuerdos de una existencia asociada a una encarnación previa, como un modo de sintonizar con la “conciencia” de seres vivos u objetos que nos rodean, o incuso como experimentar la con- ciencia de toda creación. Para Wilber, con estas experiencias el ser humano puede llegar a “sentir el Alma del Mundo (…) que puede expan- dirse para incluir (…) el Misticismo de la Deidad (…) mirando directamente al rostro de lo divino” (Caruana, 2001). Sea como fuere, parece que tanto la experiencia transpersonal como el consumo de alucinógenos pueden arrojar resultados similares, de expe- riencias en las que se trascienden los límites imaginados, de materia, tiempo y espacio. Nosotros para terminar nos quedamos con esta frase del manifiesto que es muy aclaradora: “No es un ningún secreto que muchas obras de arte visionarias están diseñadas para ser vistas con la ayuda de sustancias que alteran la mente. Lo que ofrecen los alucinógenos, por un período de tiempo limitado, es una forma de ver imágenes. Y lo que ofrecen las imá- genes, a cambio, es una forma de ver la realidad en un estado alterado. Los dos se complementan entre sí” (Caruana, 2001). Referencias 1. Para más información: bit.ly/2VwsqUP. 2. Oroc, J. (2018). The New Psychedelic Revolution: The Genesis of the Visionary Age . US: Park Street Press. 3. Machado, R., Silva, M. (2018). “Arte visionária e surrealismo: estabelecendo relações comparativas”. Semina: Ciencias Sociais e Humanas , 39, pp. 21-34. La obra visionaria es para Caruana, por tanto, el artefacto posibilitador de una experiencia de “participación mística” La creación de Adán , fresco de la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel (Pxhere, CCO) La tentación y caída de Eva , de William Blake (CCO, Wikipedia) Illuminatio , lámina de Rosarium philosophorum (Needpix, CCO, Wikipedia)
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