El Cultivador
invención nuestra para sobrevivir más tiempo. Amor, que al revés es Roma. “Eres guapa”, me dijo. “¿Y por qué lo piensas?”. Estuvo solo un instante callado, mirándome. “Porque tienes los ojos de gata”. David tenía dieciocho años y lamirada rasgada. Olía a chicle de menta y a una mezcla sutil de tierra y sudor. Se acercó, me agarró de la cintura y me chupó la boca como si fuera un helado de fresa. Cerré los ojos y le dejé hacer. Me bajó la falda, me metió los dedos y al poco ya estaba encima de mi. “Aví- same si te duele y pararé”. Se corrió en unos tres minutos y yo pensé que, si el sexo era eso, estaba muy sobrevalo- rado. No le volví a ver, pero siempre me acordaré de las grandes mazorcas tejiendo mi cama de Virgen desvirgada y la música de la Verbena acunando los movimientos poco afortunados de mi primer contrincante. Lo que es la memoria. El tiempo me hace recordar con ternura aquellos tres minutos de sexo con sabor a calimocho y tabaco liado. 78 diario de Carmina Sonrió y sacó un cigarrillo liado del bolso y, cuando lo prendió, supe que era algo más que tabaco
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