El Cultivador 47
26 cultivo exterior hongos fitófagos penetren en las heridas abiertas, ya que no se desarrollan a bajas temperaturas. Mantenimiento de las herramientas utilizadas Otra tarea que debemos llevar a cabo durante la temporada invernal es la limpieza y mantenimiento de las herramientas utilizadas. Como can- nabicultores, estamos más habituados que otros tipos de cultivadores a la desinfección de ciertos enseres como las tijeras de poda, que debemos limpiar con alcohol. No obstante, también debemos desinfectar otras herramientas como la azada, la laya, la pala, etc. Para ello, podemos introducir la parte metálica en agua con lejía y frotarla con un estropajo. De esta forma, nos aseguramos de eliminar posibles pató- genos. Tras la desinfección, es aconsejable secarlas y rociarlas con algún producto protector de metales, para evitar el óxido y la corrosión. Finalmente, las guardaremos en algún baúl o cobertizo porque no deben que- dar a la intemperie. Además de desinfectar las herramien- tas empleadas durante el cultivo y la limpieza del terreno, también es impor- tante hacer lo mismo con las macetas, si es que no hemos cultivado en tierra. Del mismo modo que con las herra- mientas, utilizaremos agua y lejía para esta labor, ya que así nos aseguramos de eliminar posibles patógenos. La tie- rra sobrante la podemos reutilizar para el cultivo de plantas ornamentales, para el huerto o para hacer compost. Elaboración casera de abonos El invierno es también la mejor época para preparar nuestro compost casero y dejarlo listo para utilizar en prima- vera. Si disponemos de animales de corral como gallinas u ovejas, podemos casi olvidarnos de comprar fertilizante, siempre y cuando reaprovechemos sus desechos adecuadamente. Para hacer compost a partir de estiér- col, lo primero que tenemos que hacer es escoger un lugar donde amontonarlo. Podemos hacer una pila en algún punto del terreno que esté alejado de nuestra casa o cobertizo para evitar olores des- agradables. Durante varias semanas, amontonaremos los restos de la limpieza del corral sobre esta pila y la cubriremos con un plástico. Después, cada 5 o 6 días, regaremos el montículo de estiércol y lo airearemos pinchando y remo- viendo con la ayuda de una horca. Esto es sumamente importante porque durante el proceso de compostado, el estiércol alcanza temperaturas tan altas que puede llegar a arder (autocom- bustión). Si no disponemos de animales de granja, podemos hacer humus de lombriz o simplemente compostar des- echos vegetales. En el primer caso, tenemos la posibilidad de comprar un vermicompostador o fabricarlo con cajones de poliestireno o algúnmaterial similar. Se trata de introducir lombrices en un ambiente ideal para ellas, ali- mentarlas, y recoger sus desechos. No obstante, si nos resulta demasiado apa- ratoso o no queremos utilizar lombrices por la razón que sea, también podemos compostar restos vegetales en una caja de plástico, madera o algún material similar. Simplemente debemos mez- clarlos con algo de tierra ymantenerlos húmedos. Cuantomás troceados estén, antes obtendremos el compost. Con independencia de la opción esco- gida, sabremos que nuestro abono está listo para usarse cuando no desprenda malos olores y presente un aspecto muy similar al de la tierra negra. El invierno es también la mejor época para preparar nuestro compost casero A estos vegetales que tienen la capacidad de mejorar la regeneración de la tierra se les conoce como abono verde
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