El Cultivador 47
72 pensamiento psicodélico sangre que gotea de una herida en su cabeza, es llevado en brazos por dos de sus compañeros, que parecen car- garle mientras se miran cómplices y ríen. Esta pieza se hizo para el tapiz El albañil herido , en la que se ha querido ver una crítica a la falta de seguridad en la profesión de los obreros, pero como recoge el Museo del Prado: “El carácter cómico que adquiere así la escena hace improbable la crítica de contenido social sobre la escasa segu- ridad de los obreros y albañiles en su trabajo que tradicionalmente ha reci- bido la composición final. Por otra parte, tampoco hay elemento alguno que indique que el personaje esté ebrio” 1 . La ebriedad en Goya es, en muchas ocasiones, algo a intuir. Si nos fijamos en Y se le quema la casa , otro dibujo preparatorio (en este caso para el Capri- cho 18 ), vuelve a aparecer la ebriedad en el protagonista, un anciano que, por el desequilibrio de la borrachera, se cae sobre una lámpara de aceite e incendia la casa. Aquí las consecuencias de la ebriedad hacen del retrato una censura del consumo que queda lejos del tono cómico con el que se expresaba en la anterior. Así como en Goya, el consumo del alcohol, tan socialmente aceptado, ha estado presente a lo largo de toda la Historia del Arte. Desde autores como el victoriano Charles Altamont Doyle (1832-1893) a otros más recientes como el dibujante alemán Horst Janssen (1929-1995), sin olvidarnos del sonado ejemplo que supone Vincent van Gogh (1853-1890), uno de los grandes nom- bres de los últimos siglos. Al neerlandés le gustaba la absenta y, como muchos de sus coetáneos lo reflejó en su pro- ducción, como en Naturaleza muerta con ajenjo (1887). Cannabis El cannabis también cuenta con adep- tos entre los artistas. Quizás el caso más popularmente conocido es el Club des Hashischins , un grupo de artistas de diversas disciplinas que se reunían en el siglo XIX en el Hotel Pimodan de París para compartir sus experiencias con el hachís. Guiados por el versado doctor Jacques-Joseph Moreau, el romántico pintor Eugène Delacroix así como algunos grandes literatos (Honoré Balzac, Charles Baudelaire, Alexandre Dumas o Théophile Gautier) se encon- traban para comer el hachís en forma de “pasta verde”, mezclado con man- tequilla y especias (como el clavo y la canela). Lo servían con café y esperaban resultados, como explica Gautier: “La Yo y mis pericos , de Frida Kahlo (libby rosof, CCBY-SA 2.0, Flickr) Y se le quema la casa , de Goya (Museo del Prado, CCBY-0, Wikipedia) Naturaleza muerta con ajenjo (Van Gogh Museum Amsterdam, CCBY-0, Wikipedia) Es el Club des Hashischins , un grupo de artistas de diversas disciplinas que se reunían en el siglo XIX en el Hotel Pimodan de París para compartir sus experiencias con el hachís
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