El Cultivador 47

74 pensamiento psicodélico manifestaciones del dios Seth (com- petencia de Osiris) encarnadas en algunos hombres […] Regresó a Londres para pintar compulsivamente. Pero seguía cociéndose en su propia voladera mental […] Richard Dadd sacó toda la ferretería adquirida y cumplió con Osiris ofrendando el cadáver de su padre” 3 . Entre sus apuntes, se ha encontrado su ambicioso plan de acabar con figuras como el Papa o el emperador austríaco. Mescalina Sabemos que, por su parte, otros tan- tos artistas le cogieron el gusto a la mescalina. Henri Michaux (1899-1984), por ejemplo, registró por escrito sus experiencias e incluso realizó obras inspiradas por el consumo, como Dibujo de mescalina , en 1959. “Las visiones producidas por la mescalina muestran figuras geométricas luminosas más o menos simples como esos fosfenos que vemos al apretarnos un ojo), formas de carácter abstracto y cinético que transmiten velocidad, vibración, sines- tesia...” 4 . Salvador Dalí (1904-1989), Frida Kalho (1907-1954) o Ernst Fuchs tam- bién eran aficionados a esta sustancia. Ernst Fuchs junto a Erich Brauer (1895-1940) fundaron en los años 60 la Escuela vienesa del Realismo Fan- tástico, que tanto ha influenciado a los artistas tachados de visionarios. En este ambiente, como han comentado muchos autores, era habitual el con- sumo de diversas sustancias y, aunque sabemos que Fuchs admitió haber con- sumido hachís ymescalina, y que ambos le influyeron en su obra, el artista se retractó a posteriori de sus propias palabras 5 . Un poco de todo Y bien por su cercanía temporal, bien por fama mundial, no podemos acabar este repaso histórico sin apuntar a la escena artística neoyorquina y al grupo de artistas que confluyeron en “la fac- toría” de Andy Warhol (1928-1987). El icono del arte Pop reiteró en diversas entrevistas que él no consumía y que nadie en The Factory lo hacía con él como testigo: “Nadie llegó a tomar una pastilla delante de mí, y seguramente no vi nunca a ninguno inyectarse. No hacía falta que hablase: había una espe- cie de acuerdo tácito porque no quería saber nada de aquel tipo de cosas y Billy (Name) fue siempre capaz de mantener todo tranquilo” 6 . Sin embargo, The Factory es sobra- damente conocida por el consumo de innumerables sustancias, como el pro- pio Warhol comenta: “Billy fue el responsable del plateado de la Factory […] Por qué le gustaba tanto el color plateado, no lo sé. Tenía que ver con el consumo de anfetaminas –todo siempre le conducía a ello– pero era fantástico, era el momento perfecto para pensar en plateado […] Su frenesí provocado por el consumo de anfetaminas, pero lo interesante era lo que conseguía comunicar, una atmósfera que atrapaba también a la gente que no consumía ninguna droga, porque a veces aquellos que consumían speed creaban cosas que les parecían bellas solo a ellos. Pero lo que había Billy iba más allá de la droga” (Hackett, 1989). LSD, psilocibina, mescalina, hachís, cocaína o heroína. Todo psiquedélico tenía cabida en este revolucionario grupo de artistas, que no era más que un fiel reflejo del cambio de estatus que estas sustancias estaban viviendo en la contracultura americana. Ya antes nuestro surrealista Salvador Dalí (1904-1989) y, más tarde, otros artistas como Mati Klarwein (1932- 2002), Keith Haring (1958-1990) o Basquiat (1960-1988) se habían unido a esta experimentación. Pero, ¿quién manda, el arte o las drogas? El mayor problema al que nos enfren- tamos al tratar de dilucidar cómo es esta relación entre arte y drogas es que, por lo general, la mala fama del consumo ha llevado a los artistas a ocultarlo o negarlo. Acogiéndose al silencio, muchos de ellos no han querido pronunciarse respecto a la cuestión, pues esto podría haber perjudicado a la venta de sus cuadros (aunque este no tiene por qué ser el único motivo). Es lógico también que en muchos casos no quisieran manifestar abierta- mente el consumo a riesgo de que se considerara que hacían “arte de drogas”. Este apelativo, por lo general, no debía agradarles mucho pues, al fin y al cabo, reducía su obra al mero producto de un colocón . Si adquirían de ahí sus visiones, sus habilidades o su creativi- dad, ¿qué era lo que ponía el artista verdaderamente? ¿Qué lo distinguía de un no artista? ¿Podía cualquiera convertirse en artista al tomarse o fumarse un algo? Como los experimentados consumi- dores saben, las sustancias que pueden consumirse con fines psicodélicos no van a dotar al sujeto de ningún don que no tuviera ya. Solo enfatizará lo que ya existía en él. Nadie va a hacerse pintor mañana por darle unas caladas a un porro , o tomar mescalina. Y, ¿pue- den las drogas crear estilos o escuela? Un estilo pictórico es algo más que el producto del consumo, pero bien pode- mos hablar de la interpretación psicodélica, como una motivación o impulso que trasciende las barreras geográficas, temporales, estilísticas y culturales; un impulso que muchos artistas pueden compartir como deno- minador común al margen de sus formas de expresión e incluso del con- sumo mismo. Como nos relata la historiadoraMüller-Ebelling, basándose en las ideas de su marido Christian Rästch: “hay una interpretación psi- quedélica […] un ángulo de visión interpretativa, que cada persona puede despertar en su interior, consecuencia de experiencias vividas omodificaciones de consciencia. Ya se trate de sueños , experiencias meditativas, vivencias traumáticas, anestesias, desmayos, hiperventilaciones, excitaciones o tran- ces” (Müller-Ebelling, 2001). Sea como fuere, lo que parece claro es que el hombre, pintor o no, encuentra en las drogas un trampolín para destruir los límites de la conciencia: “El deseo de lo ideal es tan fuerte en el hombre que, bajo su empuje, intenta aflojar los lazos que sujetan el alma al cuerpo como sea, y, no hallándose la consecu- ción del éxtasis al alcance de su naturaleza, no le queda otro remedio que beber la alegría, fumar el olvido o comer la locura, en forma de vino, de tabaco, o de hachís” 7 . Referencias 1. Para más información: bit.ly/2RV0XfO. 2. Gautier, T. (1846). “Le Club des Hachichin”. Revue des deux mondes. 3. Para más información: bit.ly/2qV3s6x. 4. Para más información: bit.ly/2YOqOYa. 5. Müller-Ebelling, C. (2001). “Los pin- tores y su relación con las sustancias psicoactivas”. Pisconautas ilustres , Espe- cial 2002, Cáñamo , pp. 25-31. 6. Hackett, P. (1989). I diari di Andy Warhol . De Agostini: Novara. 7. Moreau, J. (1845). Du haschisch et de l’aliénation mentale: études psycho- logiques . París: Fortin. The fairy bower , de John Anster Fitzgerald (Art magique, CCBY-0, Wikipedia) Fotografía de Andy Warhol en Moderna Museet de Estocolmo en 1968 (Lasse Olsson, CCBY-0, Wikipedia) Por lo general, la mala fama del consumo ha llevado a los artistas a ocultarlo o negarlo

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