El Cultivador 47
mirada del libro de religión para bus- carnos, los juegos a la comba con el resto de las chicas… Cualquier tiempo pasado nos parece mejor, como dice la canción. Después de tres copas, el vino hizo su efecto y entonces le dije esto, casi sin pensar, como si hubiera retenido las palabras en mi garganta durante mucho tiempo, listas para salir justo ese día, en ese momento: – Lloré durante mucho tiempo, Aura. No sabía cómo podía encon- trarte. Me dormía llorando y no quería levantarme. Lo peor fue que no pude hablarlo con nadie, así que lo sufrí en silencio. Un día el dolor cesó. Es curioso cómo sufrimos por algo de forma tan intensa; es un dolor físico y febril, tan intenso que llegas a pensar que el corazón se te parte de verdad. Pero luego para, y la vida sigue, siem- pre sigue por mucho que nos empeñemos en lo contrario: llegan otras personas, te mudas, consigues otro trabajo. Y así todo el rato. Cambia el decorado, pero ahí sigues tú, como el protagonista de una película que no se resigna a detenerse en un tiempo y en un lugar porque hay demasiado por ver y por vivir. Se me cayó una lágrima y entonces ella se levantó. – No llores, mi Carmina querida. Sé que eres buena, sigo confiando en ti. El pasado no lo podemos cam- biar, pero podemos hacer algo para mejorar el futuro de mucha gente. – ¿A qué te refieres? –le pregunté. Tomó otro sorbo de vino y le resbaló una gota por la comisura, que se limpió enseguida con la mano. – Voy a ir directa al grano y a expli- carte los motivos por los que estoy aquí. Trabajo para una ONG que lucha contra el tráfico y la esclavitud de personas. Llevamos tiempo inves- tigando a una empresa que explota a mexicanos en fábricas. Tenemos la sospecha también de que dedican una parte de esta actividad ilegal a la prostitución de mujeres. El problema es que toda la información que tene- mos se basa en muchas suposiciones y pocas pruebas. – Me parece un trabajo muy inte- resante –contesté confundida–, pero ¿cómo puedo ayudaros yo? – Carmina, tu padre y sus socios son los abogados de estas personas a las que tratamos de llevar a la cárcel. Hemos investigado y la relación 79 diario de Carmina Quería que ella me viera sexi o, quizá, lo que me urgía era esconder de alguna forma todas esas inseguridades que en realidad habitaban en mí
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