El Cultivador 47

es mucho más estrecha de lo que parece; hemos visto a tu padre en fiestas y reuniones organizadas por estos esclavizadores de personas con- tra los que pretendemos luchar. Es sumamente difícil, ya que es gente muy bien relacionada y la cadena de intereses envuelve amuchas personas. – Bueno... si te digo la verdad, no me extraña tanto. Mi padre es un hombre de negocios y con pocos escrúpulos. Yo siento a menudo que no le conozco. Nuestra relación no ha sido nunca demasiado buena... es más, siempre he sentido un poco de miedo hacia él. De todas formas, sigo sin ver cómo os puedo ayudar yo. – Queremos que colabores con nos- otros. Tú trabajas en la empresa de abogados de tu padre, así que puedes obtener muchos datos e información relevante que nos permita ir ante un juez. Hablamos durante horas sobre el tema yme encontré ante una disyuntiva muy compleja: ayudar a las personas que sufrían la explotación de estas redes o proteger a mi familia. Al fin y al cabo, se trataba de mi padre. Prometí a Aura que lo pensaría. Cuando subimos a su habitación, yo aún estaba dando vueltas a todo lo que me había contado. Sabía que mi padre era un hombre muy severo, pero de ahí a ser un criminal... – Podemos hacer el amor para con- trarrestar algo de injusticia. Se prendió un porro y fumamos juntas por los viejos tiempos. Luego, despacio, me quitó el vestido de tubo negro y me besó en el cuello. Chupó mi cara y mi boca. Me mordió los lóbulos de las orejas. Su modus operandi no había cambiado. Me intro- dujo los dedos y un torrente de agua salió de mí para ahogar toda la tristeza, todo el mal del mundo, todo el dolor concentrado en la ausencia de tantos años sin vernos. Nuestros cuerpos habían cambiado, sí, pero no las ganas. El deseo era más intenso y, por supuesto, sabíamos más sobre sexo. Lo hicimos durante horas. No había ya estrellas, ni arroyo, ni luz templada de luna, ni cigarras can- tando. Pero volví a sentirme aquella niña valiente que, en lasmanos de su amante, podía luchar contra el mundo. Y había llegado el momento de rebe- larse. Pero eso ya pertenece a otro capítulo. A otra parte de la historia. Se despide, atentamente, Carmina Delgado. 80 diario de Carmina Hablamos durante horas sobre el tema y me encontré ante una disyuntiva muy compleja: ayudar a las personas que sufrían la explotación de estas redes o proteger a mi familia

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