El Cultivador

26 actualidad y activismo similar. Por lo tanto, una regulación al estilo canadiense, que se correspondería con un monopolio estatal que asigna escasas licencias a empresas conmucho capital, sería imposible de implementar con éxito en el Estado español, ya que la cultura existente sobre cannabis con- tinuaría existiendo casi en la misma medida. Si miramos a Europa, encontramos dos experiencias que han marcado la historia del cannabis en el viejo conti- nente: la neerlandesa y la suiza. En los Países Bajos se implementó la política de la tolerancia en la década de los 70. Han pasado más de cuarenta años y el modelo coffeeshop sigue sin poder regular la puerta de atrás, lo que ha promovido la existencia de mafias que producen el cannabis. Las autoridades, en detrimento de los derechos de las personas usuarias y las empresas del sector, han impulsado límites para la venta de semillas, el funcionamiento de estos establecimientos y otras cues- tiones relativas al cannabis. La experiencia suiza, basada en la trampa de la venta de cannabis como ambientador para coches, estuvo mar- cada por la tragedia. Cuando consiguieron hacer de ello una iniciativa viable en los años 90, multitud de empresas de otros países se instalaron allí para hacer negocio y, cuando parecía que iba a ser una vía para el uso de cannabis en la federación helvética, al no estar protegidos por una ley que regulará esas actividades, llegó un gobierno de derechas al poder y cerró todas estas iniciativas. Bernard Rapazz, un reconocido activista, acabó por varios años en prisión y las empresas que allí se instalaron volvieron a sus países de origen o buscaron nichos de mercado en otros. Sin embargo, nos consta que el modelo de Uruguay, uno de los dos países que han regulado el uso de cannabis recre- ativo, cuenta con la aprobación de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), por lo que puede enmarcarse dentro de las convenciones internacionales. Discrepamos en algu- nos aspectos, como, por ejemplo, el registro a los autocultivadores, por ser lesivo para las libertades individuales y la privacidad de las personas; otro ejemplo serían los límites de dispen- sación y de socios en los clubes de membresía, con los que no estamos de acuerdo, por ser muy bajos (por lo tanto, no se acabaría con el mercado negro) y por ser contrario al derecho de asociación, respectivamente. Pese a estos matices, consideramos el ejem- plo uruguayo la senda que debería seguir el Estado español para la regu- lación de los diferentes usos de cannabis. Por ello, evaluando todos los datos que manejamos, creemos que la regu- laciónmás beneficiosa para las personas usuarias, para la cultura del cannabis y el sector, es una regularización de los clubes sociales de cannabis y la despenalización de las conductas rela- tivas al uso personal, como el cultivo para ese fin o la tenencia en vía pública. Han pasado más de cuarenta años y el modelo coffeeshop sigue sin poder regular la puerta de atrás, lo que ha promovido la existencia de mafias que producen el cannabis nito103 (depositphotos) Estudio de ICEERS sobre los CSC

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