El Cultivador

43 narcofeminismo E l año pasado por estas fechas, conmotivo del Día Internacional de la Mujer, una compañera de la Red de Mujeres Cannábicas me pidió, a mí y a muchas muje- res, grabar un vídeo hablando demis experiencias demachismo en el mundo cannábico. Fue un ejercicio intere- sante que me ha hecho reflexionar desde entonces sobre mi posición como feminista y sobre las diferentes vías para acabar con el patriarcado. Pero antes de compartir estas reflexiones, me gustaría hablar de mi experiencia como mujer, consumidora, profesional y activista en el universo de las drogas… y de mi relación con los hombres de mi entorno. Nací en 1970. Mi adolescencia transcurrió en el Madrid de la movida madrileña, y mi juventud en la ruta del bakalao de la capital. A los 12 años, mis amigos y yo nos liábamos porros en un local abandonado que usábamos para reunirnos. A los 15 ya sabía que la cal de la pared servía para algo más que para blanquear. A los 17 acompañaba a mi novio heroinómano en sus monos. A los 21 trabajaba de camarera en un after hours que acabó cerrando, tras una redada policial, por 200 gramos de cocaína. A los 22 estaba en El Chapare, Bolivia, haciendo un reportaje sobre los cultivos de coca para un periódico local y disfrutando del material autóctono. Durante esos años, y hasta mi maternidad, el consumo de drogas ha formado parte de mi vida. Aún hoy me acompaña de manera esporá- dica. Entonces, ¿por qué no llegué a engancharme, tal como les pasó a tantas personas en esos años? Pues en parte se lo debo a los hombres. Aunque también influyeron otros factores, por supuesto. Mi madre, entre ellos. Pero eso lo explicaré después. A los 15 ya sabía que la cal de la pared servía para algo más que para blanquear Mi adolescencia transcurrió en el Madrid de la movida madrileña

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