El Cultivador

77 diario de Carmina es la frase filosófica con más sentido jamás escrita. No sabemos nada, y nada somos. “No hay tanto peligro para el miedo que tenemos” Lo que más me gustó fue el sentido mucho más consciente que tienen allí de lo arbitrario que es nuestro paso por el mundo. Hoy estás aquí pero mañana nunca sabes. Es lo malo de la cultura occidental: vives comprando absurdas seguridades que te venden como nece- sidades. Necesitar, en realidad, necesi- tamos muy poco. Lo peor es que te lo venden recurriendo al miedo: “si no tengo esto, voy a ser más infeliz”. A propósito de esto, una vez escuché un poema: “No hay tanto peligro para el miedo que tenemos”. Lo que pasa es que compramos el peligro que nos ven- den porque nos aterra enfrentarnos a nosotros mismos, a la nada, al destino que no está escrito y que queremos escribir, aunque sepamos que no tene- mos nosotros la pluma. Costa Rica: pura vida No soy la misma desde que la lluvia caliente de Costa Rica resbaló por mi cara en el balcón de una casa en Puerto Viejo. Tampoco puedo olvidar a las tortugas saliendo de sus nidos para dejarse arrastrar por el mar en la playa de Tortuguero ni los manglares devo- randomis piernas en la noche templada del Caribe… ni el olor a marihuana mezclada con vapor de aire. Con calor, con naturaleza brotando aquí y allá. Mientras Aura esperaba una respuesta, yo decidí embarcarme en un viaje insó- lito al corazón de la jungla. No os puedo describir con palabras lo que encontré allí: un paraíso salvaje de color verde gracias al cual comprendí que, por caó- tica que parezca la naturaleza, en realidad responde a un ordenmuy pre- ciso donde cada ser vivo lucha por sobrevivir. Las plantas se enredan unas con otras en una lucha frenética por alcanzar la luz del Sol; los colores de los animales más intensos son su arma para atraer a las hembras y reproducirse; las plantas y las pieles de algunos animales hacen simbiosis para beneficiarse mutua- mente… Todo, absolutamente todo, tiene un significado y una función; y en esa lógica irracional de matorrales, plataneros, perezosos, monos y coco- drilos, encontré yo también mi lógica: esa paz interior que es imposible de hallar entre el asfalto y las alcantarillas humeantes de las grandes ciudades. Nunca un viajeme ha cambiado tanto. En realidad, la empresa de yogures me había regalado un viaje para dos Es lo malo de la cultura occidental: vives comprando absurdas seguridades que te venden como necesidades

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