El Cultivador

personas, pero renuncié a ir acom- pañada. Claro que tenía amigos y gente con la que hubiera podido ir, pero decidí que a este viaje tenía que ir sola. Soledad para encontrarme Solo la soledad nos permite enfren- tarnos a nuestros miedos más profundos: sin muletas, sin ayuda, con el único reflejo de nuestro cuerpo en los charcos. Sin más sombra que la nuestra, sin más luz que la que podemos encontrar en nuestro interior cuando no hay nadie más alrededor. No transité mucho el mundo de la noche: me levantaba muy temprano para hacer excursiones y aprovechar la luz del día, pero, siendo como soy, estaba claro que era muy difícil aban- donar Costa Rica sin haber conocido la rumba. Un día me tomé unas cervezas en la barra de un hotel dondeme hospedaba en Puerto Viejo. Total, que conocí a un grupo de canadienses muy simpá- ticos y me animé a ir con ellos de fiesta. Alex, el canadiense No sabían español y me dijeron que habían tenido problemas para comu- nicarse en muchos lugares, así que me ofrecí a ser su guía. Uno de ellos, Alex, estuvo toda la noche intentando entablar conversación conmigo. Tomamos y bailamos hasta las tres de la madrugada y, ya de vuelta al hotel, lo cierto es que yo prefería irme a mi cama (por una vez) antes que a la cama de Alex el canadiense, no sé si por esto del “viaje hacia mi interior” que me tenía un poco contenida sexualmente o porque Alexme parecía guapo, pero sin más. Creo que era un poco la combinación de ambas. El ron había hecho efecto en mi cuerpo, así que opté por irme a la habitación de Alex tras más de tres insistencias por su parte; y porque no soy de quedarme con la duda, qué le vamos a hacer, aunque a veces sería mucho mejor quedarse con ella. Follamos sin mucha pasión. Por mi parte creo que no había tantas ganas y por la suya faltaba experiencia. Nuestras lenguas no se entendían (y qué impor- tante es este detalle). Ni siquiera me tocó el coño, por no hablar de que no hizo ni el intento de comérmelo. Para qué voy a dar más explicaciones… Me despedí con un beso en la meji- lla. Good bye , Alex, gracias por partici- par, pero see you never more in my life . Así, con acento canadiense. 78 diario de Carmina Estoy viviendo, estoy respirando, estoy bebiéndome un trago mientras todo lo demás pasa; y con eso basta

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