El Cultivador

o cuando eres tú el que la da. Pero, en su caso, era sexy y muy grave. Solo la dulcificaba un poco su forma de pro- nunciar las erres. - Pronuncias muy suaves las erres. - Bueno, eso es porque mi madre era italiana. No la conocí demasiado, pero al menos heredé su acento. Sin explicaciones y con muchos preliminares Hablamos durante horas y sentí que le conocía. Y que, en esa situación y bajo ese estado de encierro, quizá sobraban las explicaciones y podíamos ir pasando directamente a los preli- minares. En realidad, teníamos todo el tiempo del mundo para ponernos cachondos, para hablarnos (sin contarnos todas las verdades) y desvestirnos desde los cuatrometros que separaban su cuerpo del mío. Me senté en una silla y abrí ligera- mente las piernas. No llevabami mejor ropa interior por lo inesperado del caso, pero él me dijo que le gustaban mis braguitas infantiles de corazones. Le dije que me hablara con esa voz profunda y que me dijera todo lo que me haría de no haber distancia ni cuarentena ni virus en el ambiente. Aspiré el olor de los jazmines de mi balcón, di una calada al porro demari- huana que tenía entre los dedos y bebí un sorbo de la copa de vino tinto que había dejado sobre la mesa. - Primero, te mordería el cuello despacio mientras mis dedos juegan con tu clítoris, pero todavía por encima de tus bragas. Te haría cos- quillas para ir excitándote poco a poco. Nome gustan las prisas. Luego, pellizcaría tus pezones con esa cami- seta de los Ramones puestamientras te humedezco los labios, y después metería la mano por debajo para tocarte de verdad, entera, recorriendo tus tetas y luego tu tripa y luego cla- vándote un poco las uñas en las caderas. - Mójame con tus palabras mientras cierro mis ojos y pienso que mis manos son las tuyas y me toco haciendo exactamente esos mismos movimientos de los que hablas… - Y luego…después de hacerte sufrir y notar como la humedad encharca tu sexo… después de lamerte y de besarte cada parte como si el Apo- calipsis fuera a llegar de verdad… te metería esto hasta hacerte correr y chillar. 79 diario de Carmina Era su voz. Sí, eso era. Su voz ancestral de hombre de las cavernas. Su voz rota y quebrada como la que se te queda cuando respondes a una mala noticia o cuando eres tú el que la da

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