El Cultivador

Me enseñó su polla y nos llevamos juntos al orgasmo… Su voz y su mano frotando su sexo sin parar, mis dedos en el mío y deseando que su balcón se cayera sobre mí en ese instante para convertir todas esas palabras en reali- dad. - ¿Podríamos ir luego a recorrer las calles y a comer una hamburguesa y a tomar una cerveza mientras damos un paseo nocturno por la orilla del mar? No había nada más erótico que el recuerdo de lo que hacíamos antes de que llegara el encierro total. El olor de la primavera cuando se junta con el humo que sale de las planchas de los puestos callejeros; el vuelo de los ves- tidos de flores en verano; la sal del mar chupando la orilla mientras los niños chapotean en el agua llenos de crema y de arena. Me desperté al día siguiente y bajé a comprar algo de comer al supermer- cado. Vi las noticias. Ya solo faltaban tres días para volver a ser libres, para reencontrarme poco a poco con mi vida después de toda la angustia que habíamos vivido. Le pregunté aMaría, la recepcionista, por Alejandro. - Nos hicimos amigos de balcón. - El señor se marchó esta mañana. ¡Ah! Pero ahora me acuerdo. Dejó a mi compañero una nota para usted. “Gracias por el amor y el sexo en los tiempos del virus”. Salí a la calle y el sol derritió mi piel mientras una sonrisa se dibujaba en mi cara. 80 diario de Carmina No había nada más erótico que el recuerdo de lo que hacíamos antes de que llegara el encierro total

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