El Cultivador 5

hibido es que el cannabis es una sustancia incompatible con el sistema capitalista es- tablecido, ya que éste nece- sita trabajadores atentos y con capacidad de soportar grandes responsabilidades. Ningún individuo puede estar en un “estado alterado de conciencia”. En nuestra sociedad, la ebriedad y la in- toxicación interfieren en las actividades laborales de nuestra vida. Tampoco ha existido nunca un estado bu- rocrático que supiera tanto sobre nosotros; que castigase, no ya nuestros cuerpos, sino nuestras mentes, a todos los desviados sociales, a los que se apartan de las normas es- tablecidas. Un cambio de paradigma A finales de los años 60 del siglo pasado, el aumento de la oferta mundial y el des- censo de los precios demo- cratizaron el consumo de drogas. El cannabis siempre había sido la “droga de los pobres”, pero durante esta época aumentó el consumo en las clases medias y altas. Al contrario que las demás sustancias estupefacientes, se elevó su precio. El nuevo co- mercio de cannabis fue una manifestación del nuevo ca- pitalismo globalizador en el que, a pesar de estar prohi- bido, constituye un artículo de mercado de masas con oferta y demanda. La popula- rización del cannabis se debe a que es una droga que puede adquirirse en cualquier parte, es relativamente barata y está muy promocionada. Tanto que para el año 2012 se ha calculado que el número de consumidores a nivel plane- tario llegue a ser de 224 mi- llones de personas (Europa Press, 26/06/2012). En nuestros días existe un conflicto o contradicción es- tatal -de tipo político, econó- mico y moral- entre la oportunidad de lucro y la pre- ocupación por la salud de los ciudadanos. Yo afirmo que el consumo de cannabis no tiene peligro ni de salud pú- blica ni de peligro social. El consumo de cannabis se escapa a la lógica de las demás drogas. Mientras que se intenta producir drogas más puras, refinadas y poten- tes (heroína, cocaína, MDMA, etc.), los consumido- res de cannabis se alejan de la búsqueda de la “pastilla de THC”. Mientras que el té, el café, el tabaco, el azúcar, el opio y los alcoholes destila- dos se convirtieron en instru- mentos de penetración, colonización y dominio euro- peo que generaron econo- mías de plantación, hábitos de ebriedad y alimentación, el cannabis hizo todo lo con- trario, llegó a las metrópolis procedente de zonas coloni- zadas: el mejicano que cru- zaba la frontera estadounidense buscando un trabajo digno, o el antillano que buscaba un lugar donde vivir en la gran Londres. El consumo de cannabis ha sido muy resistente a los cambios de moda. Ha persis- tido de alguna u otra forma a lo largo de generaciones, aunque los cambios en los tipos de preparados y su forma de administración hayan cambiado con el paso del tiempo. El consumo de cannabis ha pasado de las clases altas a las bajas: por ejemplo, durante la época de la Roma imperial, los patri- cios consumían pasteles de cannabis como exquisiteces exclusivas. Pero también el consumo de cannabis ha pa- sado de las clases bajas a las altas; por ejemplo en España, en la década de los 50 del siglo pasado, de los “grifotas” a los “hijos de papá”. Así, la cultura organiza el consumo de drogas, al igual que las Una de las razones ocultas para conocer por qué fue pro- hibido es que el cannabis es una sustancia incompatible con el sistema capitalista esta- blecido historia del cannabis 82

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