El Cultivador
la misma, bebe infusión de hachís sin parar mientras alaba sus cualidades, explica su procedencia y se hace eco de las diferentes formas de consumo. Para él, el hachís sería el cannabis premium , su forma más elevada y potente, y su cuna estaría en Siria y Abisinia. Llega a calificarlo de “primer tipo” dentro del cáñamo general y ordi- nario, al que estaban más acostumbrados en Francia por aquellas fechas. Para el doctor francés, el hachís es el consuelo a la nostalgia, sin el que estaría, como él afirma “muerto cien veces”. Para que nuestro protagonista y nos- otros, sepamos mejor a que se refiere, el doctor Lebon explica que a su lle- gada a Egipto: “Siempre preocupado por el país ausente, perseguido por los recuerdos de la casa paterna, herido en lo que más aprecio, por la abrumadora muestra de nuestra polí- tica ininteligente y cobarde, […] caí de repente en un desánimo que me habría llevado al suicidio o marasmo, sino hubiera sido revivido por las hermosas visiones que me procuró el hachís. Y agrega: Los abisinios me habían enseñado utilizarlo; y la direc- ción constante de mis ideas me dio sueños muy diferentes de los suyos; lo tomaba siempre puro. En lugar de visiones eróticas, o de furia guerrera, yo tenía éxtasis político”. Fue el hachís, por tanto, para el doc- tor, su personal remedio para la depresión, también usado por los sol- dados franceses que se encontraban de expedición en Egipto y compartían su situación. De hecho, se alude a dichos soldados, también, para ayu- darnos a comprender el modo en que el consumo de hachís afecta a la capa- cidad de expresión. Al comienzo de la narración, Lalle- mand destaca esta característica del hachís, explicando que ayuda a ordenar pensamientos o ideas en una exposición elocuente: "No se equivoquen, dice el Dr. Lebon empujando el codo, es el efecto de hachís: tomó tres tazas segui- das. ¡Escuchen! ¡Qué flujo de palabras! ¡Qué claridad de ideas! Ve todos los detalles de sumáquina; ¡ha encontrado lo que ha estado buscando durante tanto tiempo!”. Con ello, Lebon empieza una diser- tación en la que explica con detalle cómo el hachís provee a sus consumi- dores (los soldados) de elocuencia: por ejemplo, el caso del soldado que, tras beber la infusión, se arranca a contar con detalles propios de un ingeniero los pormenores de una máquina que ha construido. En este ejemplo, el sol- dado primero sufre la exaltación del hachís al hablar apasionadamente de sumáquina. Al hacerlo, se le presentan los detalles con claridad, ayudándole no sólo a comprender la complejidad de sumáquina sino a tener la capacidad de explicar a cualquiera sus entresijos con locuacidad. Este soldado ingeniero sólo es un ejemplo, de los muchos que se suceden en el texto, de las cualidades que el hachís potencia. Por lo demás, la sus- tancia servirá como propulsor de la acción de la historia, dilatando la velada y exacerbando los ánimos de los asis- tentes. El entusiasmo se contagia entre ellos e imbuidos por el espíritu del diá- logo, acaban llegando a certezas universales y conclusiones que preten- den arreglar el mundo. ¡Como en todo buen colocón que se precie! Lallemand destaca esta característica del hachís, explicando que ayuda a ordenar pensamientos o ideas en una exposición elocuente 67 cannabis en la literatura La expedición a Egipto bajo las órdenes de Bonaparte (1835), de Leon Cogniet (Wikipedia) Fotografía de Mjpresson, Wikipedia
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