El Cultivador

sustancias por parte de las comuni- dades prehistóricas” 1 . Y un último consejo: no olvides la relatividad de los hallazgos arqueoló- gicos, siempre son susceptibles de actualización a la luz de nuevos descu- brimientos. El primer y el más antiguo hallazgo peninsular: ador- midera La Cueva de los Murciélagos de Albu- ñol 2 , situada en la provincia de Granada (no confundir con la cueva del mismo nombre en Zuheros, Córdoba), consti- tuye el primer hallazgo de restos arqueo- botánicos de una sustancia con efectos psicoactivos, la Papaver somniferum , en la Península Ibérica. Las evidencias encontradas, un gran número de cáp- sulas y semillas de esta especie de adormidera, pueden ser encuadradas entre mediados del VII y finales del V milenio, en el Neolítico medio. El mismo descubridor de la cueva, Góngora, hablaba de estas evidencias en Antiguedades prehistóricas de Andalucía , describiéndolas como parte del ajuar de un difunto. Contaba que las ofrendas eran “tan pobres, sencillas, poéticas y elocuentes […] flores, peque- ñas plantas, caracolillos y conchas, fragmentos de piedras vistosas o trans- parentes o teñidas de vivo color por la naturaleza misma; y en mechones de pelo de las personas queridas: todo como prenda de recuerdo y amor”. Esas ofrendas “acompañábanlas con especialidad multitud de cabezas de adormideras, símbolo del sueño, imagen de la muerte: tanto se descubrió dentro de pequeñas bolsas de esparto, al lado de cada cadáver” 3 . Además de la descripción proporcio- nada, Góngora sugería lo interesante y aclarador que resultaría para comprobar los efectos psicoactivos, plantar alguna de estas semillas de adormidera con la esperanza de que germinaran, como sí que había podido hacerse con semillas de trigo extraídas de las tumbas de los egipcios. Recordaba también que los romanos hablaban de un especie de amapola oriunda de nuestro territorio, la Papáver ibéricum , muy apreciaba por su potencia: “Obtenían de ella un opio muy poderoso, de cuya virtud se valió Licinio, caballero romano, para dar fin con sueño eterno a sus perpetuas y molestas enfermedades” (Góngora, 1868). Es importante puntualizar que, aunque la Cueva de los Murciélagos de Albuñol constituye el primer hallazgo de restos arqueobotánicos de sustancias psico- activas dentro de nuestras fronteras, no es el más antiguo. El ejemplo más vetusto es la Cueva de El Juyo (Igollo de Camargo, Cantabria) 4 , donde se encontraron semillas carbonizadas de Papaver setigerum , la especie silvestre de estas amapolas embriagantes. Queda, por tanto, atestiguado su uso desde el Paleolítico Superior (Guerra Doce y López-Sáez, 2006). Aunque no fue hasta el siglo XIX que se produciría el primer hallazgo, la lista de evidencias relativas a la ador- midera no ha hecho otra cosa que aumentar desde entonces. Se han ido conociendomultitud de ejemplos simi- lares: en el yacimiento de La Lámpara, Amapola de opio (Louise Joly, CCBY-SA 1.0, Wikipedia) Se ha podido atestiguar la presencia de cornezuelo de centeno ( Claviceps purpurea ) en España desde la Edad del Hierro Adormidera, Papaver somniferum (MiriamMartín Retortillo, CCBY-SA 3.0, Wikipedia) 73 pensamiento psiquedélico

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