El Cultivador
en Soria; la Cueva de los Murciélagos de Zuheros 5 , en Córdoba; en la Cueva del Toro de Antequera, en Málaga; en Can Tintorer de Gavá, en Barcelona; en Buraco da Pala, en Bragança, en Portugal; en Almizaraque; en Las Pilas, en El Prado… Y aún faltan más. Todos estos sitios arqueológicos están datados entre el Neolítico, Calcolítico e incluso Edad del Bronce. La abundancia de estos restos ha motivado multitud de investigaciones para dilucidar cuál es exactamente el rol que desempeñaba la planta para los individuos de estos asentamientos. Desgraciadamente, son muchos los obstáculos a salvar antes de poder con- cluir que el uso de la misma fuera psicoactivo. El primer problema con la adormidera es la identificación. De forma silvestre, la especie Papaver setigerum (según acuerdan los expertos) crecía en la península; pero, a la vez se cultivaba otra especie, la Papaver somniferum , una forma domesticada de la primera. Por la dificultad para diferenciarlas, muchos estudios no establecen dife- rencia: “Usualmente se pasan por alto estos hechos y se presupone que debe circunscribirse a la especie cultivada, con todas las injerencias paleo-econó- micas y sociales que ello conlleva, especialmente en la documentación de posibles usos alucinógenos de la especie” (Guerra Doce y López-Sáez, 2006). No sucede así en todas investigaciones arqueológicas, algunos son más deta- lladas que otras, como la de Zuheros, La Lámpara, Almizaraque y Las Pilas. Otro problema es el cuantitativo. Hemos de comprender que en el seno de una cápsula de adormidera se pue- den llegar a contener de manera natural hasta 11.000 semillas (el inter- valo normal es de entre 6.000-7.000) y estas no contienen opio, por lo que su hallazgo en una alta proporción no debe conducir a conclusiones falsas o exageradas. Y, por último ymás importante, hemos de tener en cuenta que las propiedades de estas amapolas se hallan en el lechoso látex (opio) que se obtiene al realizar incisiones en las cápsulas inmaduras de amapolas. Tal látex no contiene solo sustancias con propiedades psicoactivas (morfina, narceína, tebaína, papaverina, narcotina) sino que tiene otras (hasta treinta o más alcaloides), tienen pro- piedades sedantes (codeína, por ejemplo). Hemos de ser cautos pues, como comentan los investigadores expertos Guerra Doce y López-Sáez: “Relacionar la presencia de semillas de adormidera en un contexto arqueo- lógico con su empelo como planta alucinógena, no es solamente altamente arriesgado sino francamente improba- ble, pues de la misma manera puede probarse que esta planta fue utilizada con fines medicinales” (Guerra Doce y López-Sáez, 2006). Cornezuelo de centeno Se ha podido atestiguar la presencia de cornezuelo de centeno ( Claviceps purpurea ) en España desde la Edad del Hierro gracias a las evidencias loca- lizadas en los sitios arqueológicos Mas Castellar, en Gerona, y en Pintio, en Padilla de Duero, en Valladolid. El cornezuelo de centeno es “un hongo parasitario de los cereales y de herbáceas silvestres como la cizaña, en cuya composición entran potentes alcaloides alucinógenos” 6 . Este hongo, del que se sintetiza la LSD, ha sido visto por el famoso Gordon Wasson como el ingrediente secreto del kykeon , la poción imprescindible para ser ini- ciado en los misterios Eleusinos (en honor a la diosa Démeter) que tomaban los griegos antiguos. Esta hipótesis parece adquirir más sentido al considerar el caso de la esta- ción de Mas Castellar, en Pontós, Gerona. Allí, en un santuario dedicado a Démeter y Perséfone, datado entre los siglos IV y II a. C. se han descubierto restos de esclerocios de cornezuelo en los residuos que han formado el cálculo Claviceps purpurea (CC0, Flickr) Estromas que germinan en un esclerocio de Claviceps purpurea (Odile Jacquin, CCBY-SA 3.0, Wikipedia) Cornezuelo de centeno, Claviceps purpurea (Accipiter, CCBY-SA 3.0, Wikipedia) Desde el Calcolítico, tenemos evidencias del uso de cáñamo en la Península Ibérica 74 pensamiento psiquedélico
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