El Cultivador

tratar la fertilidad, como anestésico y antiséptico, para atraer la riqueza, o para elaborar filtros de amor. Muchas de las cualidades que se le suponían son ciertas; pero otras, como imagináis, son simples suposiciones sin respaldo científico. Vamos a revisar en dos entregas (esta la primera) los usos y los mitos de la mandrágora, para entender mejor cómo es la planta, cuáles son sus efectos y cómo se ha relacionado el ser humano con ella. Mandragora La mandrágora es un género de plan- tas de la familia de las solanáceas. Como género, agrupa a seis distintas especies ( Mandragora turcomanica , M. caulescens , M. vernalis , M. micro- carpa , etc.), aunque solo dos de ellas crecen en torno al Mar Mediterráneo: la Mandragora officinarum y la Man- dragora autumnalis . La Mandragora officinarum , también conocida como mandrágora macho o masculina, es “la que ha ocupado el papel más importante como alucinó- geno en lamagia y hechicería” (Schultes y Hofmann, 1982), la que disfruta de mayor presencia en el arte y atención de la ciencia. Da unos frutos ovoides y se encuentra en mayor abundancia en el Medio Oriente y Europa. Por otro lado, la Mandragora autumnalis , conocida también como mandrágora hembra o femenina, es la más abundante en nuestra península y sus frutos son más esféricos. De forma natural, lamandrágora suele hallarse en bosques sombríos o en los márgenes de los ríos, marismas o pan- tanos. Crece en climas cálidos pero necesita bastante agua. Es precisamente su necesidad de este líquido lo que hace de la mandrágora una planta exi- gente para el cultivo: es difícil que crezca en otras zonas y requiere mucha atención y cuidados. Si quieres reconocer la mandrágora es posible que te resulte difícil si no está florecida o tiene fruto, pues suele confundirse con otras especies. Sin embargo, si enseña sus frutos redon- deados y amarillentos, no pasará desapercibida. Su raíz, en concreto, es una de sus partes más curiosas: es gruesa y se divide en ramificaciones que, a su vez, tienen apéndices propios, lo que le da un aspecto antropomorfo. Por eso, si sacas la raíz de una mandrágora del suelo puede parecerte un pequeño hom- brecito que vive oculto bajo tierra exhibiendo al exterior solo una cabellera de hojas lechugadas. Mandrágora terapéutica La mandrágora es una planta muy tóxica. Su toxicidad se debe a la composición de su raíz, lugar en el que se concentran en mayor medida escopolamina, atropina e hiosciamina, los tres mayores responsables de sus efectos psicoactivos, sedantes y anes- tésicos. Schultes y Hofmann lo explican mucho mejor: “el contenido total de alcaloides del tipo tropano en las raíces es de 0,4 %. Los principales alcaloides son la hiosciamina y la escopolamina, pero la planta contiene también atropina, cuscohigrina y man- dragorina” (Schultes y Hofmann, 1982). La escopolamina es el principal com- ponente de la mandrágora (aún más del beleño y presente en otras solaná- ceas) ymayor responsable de sus efectos alucinógenos: “aparentemente es la escopolamina, y no la atropina ni la hiosciamina, la que produce los efectos alucinógenos. La intoxicación es seguida de una narcosis en la que se presentan alucinaciones durante la transición de la conciencia al sueño”. Y advierten que la escopolamina, así como la atro- pina, difieren de otros alucinógenos naturales en que “son extremadamente tóxicas y quienes las utilizan no recuer- dan nada de lo experimentado durante la intoxicación, pierden todo sentido de la realidad y caen en un profundo sueño” (Schultes y Hofmann, 1982). Por otro lado, al resto de la planta (las hojas, las flores, los frutos, las semillas) se le han hallado tradicio- nalmente aplicaciones terapéuticas (ya sin efecto sedante) para el tratamiento Flores de Mandragora officinarum (H. Zell, CC BY-SA 3.0, Wikipedia) La mandrágora (Biodiversity Heritage Library, CC0, Wikipedia) La escopolamina es el principal componente de la mandrágora 72 pensamiento psiquedélico

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