El Cultivador

de enfermedades de la piel, de hidro- pesía, o incluso para regular la menstruación. Sin embargo, y por una obvia cues- tión de toxicidad, se ha desechado el uso de la mandrágora como alimento: solo sus frutos son comestibles. En muchas culturas mantenían la práctica de consumirlos con fines ginecológicos, pues existía, por ejemplo, la creencia popular de que los frutos de la man- drágora eran efectivos para aumentar la fertilidad. Aunque posteriormente veremos que las creencias populares relacionadas con la mandrágora no siempre son cer- teras, no podemos negar la evidencia científica: la mandrágora tiene un amplio potencial terapéutico. Su apli- cación médica, no obstante, es algo más problemática, pues es difícil afinar la dosis y existe siempre un mayor riesgo de intoxicación que de cura. La mandrágora en Egipto La mandrágora era muy apreciada en Egipto. Probablemente llegara importada desde Siria, el Líbano o Palestina, donde crecía naturalmente, y fuera introducida durante el Imperio Nuevo (con la dinastía XVIII), unos 1.500 años a.C. Por las exigencias de agua, la planta había de cuidarse con mimo para que sobreviviera. Era una planta real, que se cultivaba engrosando los jardines de la élite, imposibles vergeles en un Decoración de la tumba de Tutankamon (CC0, Wikipedia) Pintura de la tumba de Nebamun e Ipuky de Tebas (Old Kingdom of Egypt, CC0, Wikipedia) Por una obvia cuestión de toxicidad, se ha desechado el uso de la mandrágora como alimento 73 pensamiento psiquedélico

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