El Cultivador
E ra la oportunidad per- fecta, según acordé con Aura, mi amor de la infancia, para inves- tigar si realmente el bufete de abogados donde yomisma trabajaba tenía algo que ver con las empresas de dudosa reputación a las que habíamos defen- dido ante los tribunales. La ONG en la que trabajaba Aura había iniciado una investigación inde- pendiente porque sospechaba (más que sospechar, estaban casi seguros) de que estas empresas con negocios aparentemente legales –hoteles, dis- cotecas y restaurantes en Ibiza– se dedicaban a la prostitución de muje- res que traían de México, engañadas bajo la promesa de una vida mejor. Aura desconocía hasta dónde exten- día sus tentáculos esta organización, pero parecía que su poder era enorme, ya que todos los intentos de incriminar a los responsables de esta supuesta trata de mujeres se habían visto frustrados y archivados por falta de pruebas. 76 diario de Carmina todos los intentos de incriminar a los responsables de esta supuesta trata de mujeres se habían visto frustrados y archivados por falta de pruebas Mi padre anunció que se iba a Nueva York durante dos semanas. Los eventos presenciales, aunque con medidas de seguridad debido a la pandemia, volvían a acercar a expertos y estudiantes en las universidades, donde mi progenitor acudía como ponente especializado en derecho penal. Una investigación en la sierra y un pañuelo rojo Texto: Isabel Peláez Fotos: Carmen Francia y Manu Rico
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