El Cultivador

en este contexto la escoba no era un simple instrumento de vuelo, sino que tenía un papel más activo en el proceso mágico: “el uso de un bastón o escoba era indudablemente algo más que un simbólico acto freudiano, sirviendo como aplicador de la planta que con- tiene atropina en las sensibles membranas vaginales, además de crear la sugestión de montar un corcel, una ilusión típica del viaje de las brujas al Sabbat” (Harner, 1973). Fue curiosamente unmédico español, Andrés Laguna, de los primeros que se atrevió, en el siglo XVI, a dar una explicación científica a estos asuntos, al sugerir que la brujería bien podría explicarse por la composición de los brebajes que las brujas consumían o se aplicaban. Laguna era médico del papa Julio III. Mientras ejercía en Lorena, tuvo la oportunidad de atender a un matri- monio, acusado de brujería. Según parecía, eran culpables de quemar grano y hasta de chuparle la sangre a los niños. Bajo tortura, habían confesado sus crímenes. Laguna recoge la anécdota como un apunte añadido a su lectura de Dioscórides en relación a las plantas venenosas. Él mismo atestigua que “hallaron en la ermita de aquellos brujos […] una olla medio llena de un cierto ungüento verde […] con el cual se unta- ban: cuyo olor era tan grave y pesado, que mostraba ser compuesto de yerbas en último grado frías y soporíferas: cuales son la cicuta, el solano, el beleño y la mandrágora” 5 . Ante el descubrimiento del ungüento y viendo que se requería de su expe- riencia médica para tratar a la señora “bruja” (a la que otros remedios no habían servido para curar el frenesí e insomnio que sufría por celos), decidió probar el mejunje en ella. La poción hizo su trabajo y la señora quedó sumida en un profundo sueño, del que despertó unas horas más tarde. Al volver en sí, confesó haberle sido infiel a su marido y pidió que la devolvieran al sueño. Solo quería volver a gozar las virtudes de la ensoñación inducida por el brebaje de mandrágora. Pero lo mejor es la conclusión final de Laguna: “podemos conjeturar, que todo cuanto dicen y hacen las desven- turadas brujas, es sueño, causado de brebajes y unciones muy frías. Las cua- les de tal suerte las corrompen la memoria, y la fantasía […] y aun firmí- simamente creen, haber hecho despiertas, todo cuanto soñaron dor- midas” (Puerto Sarmiento, 2016). Laguna no fue ni el primer ni el último escéptico en intentar desenmascarar a las brujas. Otros comoWeyer le acom- pañaron en su tesis. Sin embargo, no ha sido hace tanto tiempo que han podido confirmarse sus sospechas: investigaciones llevadas a cabo en el siglo XX han demostrado que la atro- pina en contacto con la piel puede producir “gran euforia, fantasía y sueños vívidos” 6 . La mandrágora enMaquia- velo También en el siglo XVI, podemos encontrar evidentes referencias a la mandrágora en la literatura. Sin ir más lejos, Nicolás Maquiavelo, una de las figuras más relevantes de la Edad Moderna y el Renacimiento italiano, escribió una obra con el nombre de la planta, publicada en 1518. Sin embargo, para Maquiavelo la mandrágora era una excusa y no la protagonista de su obra: “es una pieza en cinco actos, que, a primera vista, parece girar alrededor del deseo concupiscente de Calímaco por la bella y fiel esposa de Nicia, Lucrecia. A pesar de la unión estable y tranquila, la pareja sufre por desear un hijo, pero, a pesar de tener el apoyo de los médicos florentinos, ella no con- sigue embarazarse” 7 . Es por eso que Calímaco ha urdido un plan que comunica Nicia, en el que la mandrágora juega un papel impor- tante como instrumento para conseguir la fertilidad: “tenéis que saber que no hay nada mejor para dejar preñada a unamujer que hacerle beber una poción de mandrágora. Es una cura experi- mentada por mí varias veces y siempre ha dado buen resultado. De no ser por eso, la reina de Francia sería estéril y como ella una infinidad de princesas de aquel estado”. No obstante, según la creencia popular la planta también encierra un peligro, tal y como Calímaco le advierte a Nicia: “tenemos que pensar ahora en otra cosa: que el primer hombre que yazga con ella, luego que ha bebido esa poción, morirá dentro de los ocho días siguien- tes, sin que exista en este mundo remedio alguno contra eso”. Ante la advertencia de Calímaco, Nicia se acobarda. Se niega a tomar “esa porquería”. Pero, Calímaco le propone 69 pensamiento psiquedélico Bruja volando (Needpix, CC0, Needpix) La mandrágora también era indispensable para elaborar pócimas para volar Maquiavelo, una de las figuras más relevantes de la Edad Moderna y del Renacimiento italiano, escribió una obra con el nombre de la planta (1518)

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