El Cultivador

[…] Para dormir durante el gran vacío que Antonio esté fuera” 10 . Shakespeare también incluye la man- drágora en su narración para infundir horror en su público, tanto en las obras Enrique IV (1598) y Romeo y Julieta (1597). De hecho, Julieta lamenta justo antes de beber del frasco: “¡Ay! ¡Ay! ¿Cómo es posible que al despertarme de improviso no enloquezca ante tan espeluznantes horrores y emanaciones tan pestilentes y entre unos chillidos semejantes a los de la mandrágora al ser arrancada de la tierra, que hacen perder el juicio a los mortales que los escuchan?” 11 . La tradición mantenía, ya desde la antigüedad (como veíamos en la entrega anterior), que la mandrágora tenía aspecto humano, por su raíz antropo- morfa, y que gritaba al ser arrancada de la tierra, provocando la locura en aquel que la extraía. Por eso se acon- sejaba usar un perro en la tarea. El perro moría, la mandrágora se cose- chaba pero el jardinero salía ileso. Era tan sorprendente la extraña forma de su raíz, que Shakespeare la usó en Enrique IV (en boca de Falstaff) para despreciar el aspecto físico de un paje: “Especie de bastardo de mandrágora, estarías mejor en mi sombrero como penacho que a mis talones como lacayo” 12 . Lasmandrágoras alemanas: un caso particular En la Alemania medieval, la persecu- ción de brujas fue intensa. Como otras tantas, las brujas de los bosques ale- manes usaban mandrágora para sus hechizos. Por ello, era habitual encontrar alyruninae (así las llamaban) engro- sando los estantes de sus despensas, en la cotidianeidad de su hogares. Tan familiares resultaban las man- drágoras en estos hogares, que habían desarrollado tradiciones menos comu- nes, como nos cuenta la investigadora Sarah Penicka: “Después de la Edad Media, se había arraigado la costumbre doméstica de tratar a las mandrágoras como humanas hasta el punto de man- tenerlas bien vestidas, alimentadas y bañadas”, es decir, que vivían mejor que muchas mascotas. De las mandrágoras no se tiraba nada. Ni el agua usada para lavarlas. Ese agua tenía otros usos mágicos: “se usaba para proteger a todos los miem- bros de la casa. La salvaguarda de un alraun conducía a la inmortalidad, riqueza, protección y poder” 13 . Y es que ya lo decía mi madre, quien tiene una mandrágora tiene un tesoro. Referencias 1. Schultes, R.; Hofmann, A. (1982 [1979]). Plantas de los dioses. Orígenes del uso de los alucinógenos (Alberto Blanco; Gastón Guzmán; Salvador Acosta, trad.). México: Fondo de Cultura Económica. 2. Ott, J. (1996). Pharmacotheon. Drogas enteógenas, sus fuentes vegetales y su historia . Barcelona: La liebre de marzo. 3. Hesse, E. (1946). Narcotis and Drug Addiction . Nueva York: Philosophical Library. 4. Harner, M.J. (1973). Hallucinogens and shamanism . Oxford: Oxford U. Press. 5. Puerto Sarmiento, F. (2016). Andrés Laguna, humanista . Madrid: Fundación Ignacio Larramendi. 6. Armengol, A. (2002). “Realidades de la brujería en el siglo XVII: Entre la Europa de la casa de brujas y el raciona- lismo hispánico”, Tiempos Modernos: Revista electrónica de Historia Moderna , vol. 3, 6, 2002. 7. Reis, N. (2019). “El arte de engañar: La mandrágora como lección política de Maquiavelo”. Mirabilia, 18 , pp. 406- 422. 8. Maquiavelo, N. (1518). La mandrá- gora. 9. Para más información: bit.ly/33Ksswi. 10. Shakespeare, W. (2013 [1606]). Antonio y Cleopatra (Ed. Manuel Ángel Conejero Dionís-Bayer). Madrid: Cátedra. 11. Shakespeare, W. (1998 [1597 y 1604]). Otelo. Romeo y Julieta . Andrés Bello: Santiago de Chile. 12. Shakespeare, W. (2020 [1598]). Enrique IV: Traducción, prólogo y notas de Miguel Cané . Estados Unidos: Inde- pendently Published. 13. Para más información: bit.ly/33Ksswi. INSERTA AQUÍ TU PUBLICIDAD 91 658 45 20 La tradición mantenía, ya desde la antigüedad, que la mandrágora tenía aspecto humano y que gritaba al ser arrancada de la tierra, provocando la locura en aquel que la extraía Capricho 68. ¡Linda maestra!, de Francisco de Goya y Lucientes, de 1797-1799 (Wellcomeimages, CCBY-SA 4.0, Wikipedia) 71 pensamiento psiquedélico

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