El Cultivador

27 cultivo exterior Aparte de la calidad del sustrato, el tamaño de las macetas y de los tras- plantes, otro factor que influye bastante en el desarrollo de las autos es la luz. Aunque este tipo de variedades, a dife- rencia de las fotodependientes, inicia su floración sin depender de la cantidad de horas de luz diarias, la intensidad de esta influye notablemente sobre su capacidad productiva. Las autoflore- cientes necesitan una alta intensidad lumínica, prefiriendo los días largos. Por tanto, la primavera y el verano son épocas ideales para su cultivo en exte- rior. A medida que se aproxima el verano, el sol está cada día más alto en la bóveda celeste, siendo la irradiación solar que recibimos cada vez mayor, así como también la intensidad lumi- nosa. Además, la duración del día también se alarga, lo que favorece el desarrollo. Es importante considerar este factor, sobre todo en la zona norte de la península, donde el sol brilla menos, ya que las autoflorecientes plan- tadas en febrero producirán menos que las sembradas en abril. En cuanto a los aportes de nutrientes y riegos, es aconsejable añadir abono en polvo al sustrato o suelo como humus de lombriz, guano demurciélago o estiércol de oveja para que el cultivo no sufra ningún tipo de carencia durante su desarrollo, ya que supondría una pérdida en la producción. Asimismo, también es recomendable aplicar algún abono líquido con este mismo fin. Por otra parte, en lo referente al agua, pasa exactamente lo mismo que con los nutrientes: cualquier tipo de estrés en este sentido se traduciría en una pérdida de capacidad productiva. Debemos tener en cuenta que, al necesitar las variedades autoflorecientes un sustrato muy aireado, es fácil que este se seque con facilidad, especialmente cuando empieza el buen tiempo, por lo que mantendremos una buena frecuencia de riego. La adición de perlita, vermi- culita o ambas al sustrato en el momento de su preparación aumentará su capacidad de retención de agua. Tal como ocurre con el resto de las variedades, también debemos prestar atención a las plagas y hongos. Sin embargo, los cultivos primaverales de autoflorecientes presentan una gran ventaja en este sentido: al desarrollarse en exterior en periodo de tiempo muy corto, permiten soslayar las plagas más habituales y virulentas del verano como la oruga o la araña roja. Aun así, debe- mos tener en cuenta que las plantas débiles o con carencias son más pro- pensas a sufrir plagas y enfermedades fungosas, por lo que debemos seguir las recomendaciones expuestas para evitar que nuestras plantas sufran carencias o algún otro tipo de estrés. Finalmente, en la relativo al tamaño de este tipo de variedades, cabe men- cionar que por lo general no crecen demasiado, estando la altura habitual entre los treinta centímetros y un metro aproximadamente. Sin embargo, podemos adquirir autoflo- recientes XL o gigantes, que crecen hasta un metro y medio o dos, aunque tardan un poco más en completar su ciclo. Si no disponemos de mucho espacio para el cultivo, lo mejor es optar por las autos tradicionales, ya que tienen una altura muy discreta. Las podas apicales no son nada acon- sejables para las autoflorecientes. Si necesitamos controlar su altura, lo mejor es atarlas de forma que el tronco central quede arqueado. Sin embargo, una poda de las partes bajas justo antes de la floración para estimular el desarrollo y prevenir las enferme- dades fungosas sí es recomendable. Las autos plantadas en invierno producirán menos al necesitar las variedades autoflorecientes un sustrato muy aireado, es fácil que este se seque con facilidad Las autoflorecientes necesitan una alta intensidad lumínica, prefiriendo los días largos

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