El Cultivador
para explicar remedios y enfermedades que tocaban desde la oftalmología y la gastroenterología hasta la ginecología e incluso la psiquiatría. De hecho, el documento puede considerarse en este último ámbito el primer documento en que se esboza la depresión clínica. Sin embargo, la mayor aportación del Papiro Ebers, y por lo que a nosotros más nos interesa, es precisamente que demuestra que los egipcios poseían un significativo conocimiento de los tóxicos de origen natural que estaban a su dis- posición y que el loto cumplía una función medicinal pero, ¿y qué hay de su vertiente psicoactiva? La psicoactividad del loto azul y sus usos Las propiedades psicoactivas del loto azul y su rol en el Antiguo Egipto como tal, han sufrido sistemáticamente la indiferencia de la comunidad científica, como explica Carlos G. Wagner, pro- fesor de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid en Farmacología neurotóxica en el Antiguo Egipto : “el loto ( Nymphaea lotus ) […] era considerada por los anti- guos egipcios una planta sagrada que simbolizaba la inmortalidad y la resu- rrección. Durante mucho tiempo, primero los botánicos y luego los egip- tólogos han ignorado sus propiedades farmacológicas, señaladas sin embargo en el Papiro Ebers”. Sin embargo, como también refiere Wagner, “lo cierto es que contiene potentes alcaloides narcóticos, apho- morphina, nympherina, nuciferina, nupharidina y alfa-nupharidina, tanto en las flores como en los rizomas, que no son disolubles en agua sino en alco- hol […] Los alcaloides del loto pueden llegar a tener propiedades psicoactivas para inducir alucinaciones o un tipo de sueño muy vívido”. Y señala que “al parecer, la mayor concentración de alcaloides psicoactivos se da en las yemas y en el rizoma de la planta y se ha reportado su carácter acumulativo, de tal manera que un uso continuado provocaría mayores efectos” 1 . A pesar de la falta de atención de los especialistas, el Papiro Ebers e incluso el mismo Dioscórides en su tercer libro de De materia médica , ya en el siglo I, explica que el loto era un conocido remedio aunque entrañaba sus propios riesgos: “La Nymphea nace por las lagunas y estanques. Produce de una raízmuchas hojas […]Esta seca y bebida con vino, es útil al flujo celiaco, y disen- térico, y resuelve la hinchazón del bazo. Aplicada con pez, sana la tiña”. Y añade: “Bébese también contra los sueños venéreos, porque los reprime y ataja; y bebida muy a menudo en poco tiempo vuelve cabizbajo y sin brío, aquel miem- bro que honestamente no se puede nombrar. Tiene la misma facultad, la simiente bebida”. Y como atestigua, el loto era también usado por otros efectos, como el nar- cótico para inducir el sueño: “embotan los apetitos venéreos, y detienen el flujo espermático. El zumo de las hojas aplicado en la frente y sienes es provo- cativo de sueño[…] da grandísimo refrigerio al cuerpo febriciante y refocila con dulce sueño, así los vitales espíritus, como los animales” 2 . Asimismo, gracias a fuentes escritas como el Papiro de Ani o Libro de la Muerte, hemos llegado a tener cons- tancia de la función del loto en rituales de carácter extático, pues en diversos capítulos del libro es mencionado y representado siempre relacionado con rituales mágico-religiosos. No obstante, no ha sido sino el aisla- miento del psicoactivo apomorfina de las especies de la Nymphaea el que ha dotado de argumento químico a la especulación de que pudiera haber sido usado como alucinógeno 3 . Este argumento parece ganar más credibilidad si nos fijamos en las evi- dencias artísticas. Afortunadamente, contamos con algunas representaciones pictóricas del loto que pueden resultar aclaratorias. Entre ellas, son especial- mente representativas aquellas manifestaciones en que el loto, aparece como compañero de la mandrágora y la adormidera, otras dos plantas con poder psicoactivo ya antes aquí tratadas: “Lamandrágora, el loto y la adormidera están presentes en un escena grabada en el trono de Tutankamón. El ritual funerario, incluyendo los ornamentos y los enseres con que se dotaban las tumbas de las Dinastías del Imperio Nuevo, muestra la presencia frecuente de mandrágoras y amapolas rojas de gran tamaño”. Pero no solo las pinturas aluden a estas plantas mágicas. El ajuar del difunto Tutankhamon tenía algún regalo alucinógeno más, quizás para el viaje que le esperaba: “En el anexo de la tumba de Tutankhamon se hallaron diversos cestos llenos de bayas de man- drágora que habrían sido destinadas a satisfacer las necesidades del rey durante su vida en el Más Allá. También en una tumba de la XVIII Dinastía perteneciente a un alto oficial deMenfis, llamado Maya, se ha encontrado una jarra que según la inscripción que por- taba contenía dos litros de una poción aceitosa, uno de cuyos ingredientes era la mandrágora” (bit.ly/3ba7QSv). Qui- zás, esa poción aceitosa se había elaborado también con loto. Muchos expertos creen que el loto podría haberse utilizado como ingrediente principal para hacer licor narcótico. Su fragancia era tambiénmuy deseada. Como recuerda PardoMata en su estu- dio El perfume en el Antiguo Egipto los egipcios elaboraban perfume con las flores de loto: “Los pétalos y el centro de las flores de loto blanca y azul - Nymphaea - se aplastaban para obtener una pasta perfumada que se mezclaba con miel. La recogida de los 69 pensamiento psiquedélico Estatua de Nefertum representado con el loto en la cabeza, en el Met Museum (Wikipedia, CC 0 1.0, Wikipedia) Son especialmente representativas aquellas manifestaciones en que el loto aparece como compañero de la mandrágora y la adormidera, otras dos plantas con poder psicoactivo Nefertum, otro dios, en este caso uno primordial, era pintado en su apariencia humana portando sobre su propia cabeza una flor de loto
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