El Cultivador
de despertar a la muerte, el alma del difunto pudiera hallarse en disposición de todo lo necesario para emprender esa nueva vida. No obstante, no era un asunto sencillo. Al morir, había de prepararse el cuerpo del difunto, vaciarlo de vísceras (y guar- darlas en vasos canopos), introducir paños con minerales para desecar el cuerpo, untarlo con ungüentos y per- fumes (también de loto), momificarlo… Lo que se dilataba un tiempo. Cuando los rituales funerarios ter- minaban, se depositaba el cuerpo en la tumba y se creía que era entonces cuando el alma del difunto era devuelta a la vida. Pero, como en el Catolicismo, el alma debía someterse a un juicio para decidir su futuro. Horus acompañaba al alma del difunto hasta el juicio, que era celebrado en la sala de las dos verdades ante el dios Osiris. Durante la ceremonia se pesaba el corazón del difunto (sede de la memoria y la voluntad) en una balanza cuyo contrapeso era Maat (diosa de la verdad y la justicia). Mientras, el proceso era registrado por escrito por Thot y vigilado de cerca por Anubis y Ammyt (“la devo- radora de los muertos”), que esperaba atenta para comerse el corazón del difunto, si este era condenado, hacién- dolo desaparecer para siempre. El cuadro lo cerraban: “Los Cuatro Hijos de Horus que se situaban sobre una flor de loto abierta, e Isis y Neftis; tras los dioses del Más Allá, Shai y Mesjenet, que, representados en sendos ladrillos de los que emergen sus cabe- zas, determinaban el destino y daban cuenta de los actos del finado” (bit.ly/37hbRDd). Los cuatro hijos de Horus (consie- rados los cuatro vientos, o los cuatro puntos cardinales), Amset, Duamutef, Hapi y Qebehsenuf, eran comúnmente representados en esta escena sobre una flor de loto (símbolo del origen del mundo) suelen ser representados en tamaño reducido, delante de Osiris y sobre el loto. Estos cuatro dioses se relacionaban cada uno con un órgano diferente: Amset al hígado, Duamutef al estómago, Hapi a los pulmones y Qebehsenuf al intestino. Es por esta razón que, cuando los egipcios vaciaban los cadáveres de sus vísceras, las depositaban repartidas en unos vasos canopos adornados con las cabezas de estos cuatro personajes. Si bien aún quedan muchas dudas acerca de los posibles usos psicoactivos del loto azul por los antiguos egipcios, es indudable que la planta poseía para ellos tal sacralidad que estaba impli- cada, además de un su cotidianidad, en sus rituales extáticos y ocupaba una importante posición en sus creencias religiosas. Referencias 1. Para más información: bit.ly/3ba7QSv. 2. Paramás información: bit.ly/2N1hmiM. 3. Bertol, E.; Fineschi, V. et al. (2004). “Nymphaea cults in ancient Egypt and the New World: a lesson in empirical pharmacology”. Journal of the Royal Society of Medicine, 97 (2) , pp. 84-85. 4. Pardo Mata, P. (2009). “El perfume en el Antiguo Egipto”, Boletín de la Asociación Española de Orientalistas, XLV , pp. 185-192. 5. Para más información: bit.ly/37hbRDd. INSERTA AQUÍ TU PUBLICIDAD 91 658 45 20 Amset, Duamutef, Hapi y Qebehsenuf eran comúnmente representados en esta escena sobre una flor de loto 71 pensamiento psiquedélico Vasos canopos en Museo Estatal de Württemberg de Stuttgart, representan de izquierda a derecha a Duamutef, Amset, Qebehsenuf, Hapi (Gerd Leibrock, CC BY- SA 3.0, Wikipedia) Relieves del templo de Aswan con loto y papiro (hewy, CC BY- SA 2.0, Flickr)
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1