El Cultivador
73 el diario de Carmina El adiós a mi padre Su pelo se había vuelto más canoso. Tenía nuevas arruguitas en los párpados y una expresión que no podía reconocer. - Carmina, siéntate - él era así, dando órdenes incluso desde el destierro. - No has querido verme en todo este tiempo, papá. Y lo entiendo, por mi culpa estás aquí. Aunque sabes quemis remordimientos solo alcanzan hasta un punto. ¿Cómo pudisteis hacer eso a tantas mujeres? ¡Y a mamá! - le dije con una mirada que contenía rencor y compasión. Lo segundo porque sí, me daba pena verle tras un cristal sucio sujetando el telefonillo mientras el guardia nos miraba desde la esquina. - Carmina, estoy enfermo, no sé durante cuánto tiempo voy a vivir. Y si hoy te he pedido que vengas aquí no es por mí. Sigo siendo un egoísta de mierda, y por eso ahora, que veo el final cerca, quiero que mi alma se vaya en paz. Lo que más me dolió de la visita fue que mi padre no me llamó para verme. Su amor siempre era escaso cuando se trataba de mí, y las cosas no habían cambiado. Seguía sin ser nada para él, y eso era algo que solo me quedaba aceptar. Sin embargo, me conmovió lo que quería hacer antes de morirse. Juan, unmexicano acusado de tráfico de drogas, una mula que había pasado por la aduana cinco kilos de cocaína - otra pobre víctima de un sistema que penaliza a los más pobres -, se había convertido en el mejor amigo de mi padre y a él se debía esta audiencia que había pedido conmigo, su hija. - Juan necesita ayuda, Carmina, y el dinero que os quedará a tu madre y a ti en el banco cuando yo muera es más que suficiente para que viváis bien el resto de vuestra vida. De hecho, me gustaría ayudar a este hombre enviando algo de este dinero a su familia en México. Son muy pobres y necesitan algo de apoyo. - ¿Y por qué, papá, por qué lo haces? - le pregunté dedicándole una mirada inquisitiva. De nuevo, no podía disimular la tristeza que me provocaba esa cara de decepción que siempre se le quedaba al verme. El canuto que sostenía entre sus labios devolvía a uno la esperanza de que fuera un ser terrenal, envuelto en humo y tristeza, mientras nos escudriñaba con indiferencia
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1