El Cultivador
13 cultivo exterior esté labrada y los bancales organizados, debemos evitar pisar sobre la superficie cultivable para que el suelo no se com- pacte por nuestro peso. Por otra parte, además de labrar la tierra, también debemos asegurarnos de que es de buena calidad, así como aportar aquellos elementos necesarios para el desarrollo del cultivo. Los suelos arcillosos tienden a mostrar un color rojizo y a compactarse con facilidad al regar, quedando fangosos. En estas condiciones, las raíces se desarrollan de forma deficiente por falta de aire y tienden a pudrirse conmayor facilidad si existen patógenos. Para mejorar la estructura de este tipo de suelos de forma que quedenmás aireados, pode- mos añadirles arena y compost. Por otra parte, los suelos arenosos tienen muy poca capacidad de retención de agua, secándose con demasiada facili- dad, lo que puede provocar problemas de sequía. Para remediar la pérdida de humedad y mejorar la estructura del suelo podemos añadir materia orgánica o estiércol. Otro aspecto del suelo que influye en el desarrollo del cultivo es la acidez de este. Al cannabis le conviene un entorno ligeramente ácido, con un pH de entre 5,5 y 6,5. Los elementos más comunes para la corrección de este parámetro son la cal agrícola, que se usa para subirlo, o la turba rubia y el azufre, empleados para bajarlo. Los elementos minerales ejercen su acción lentamente, siendo necesario aplicarlos unos seis meses antes de la siembra. Además, debemos ser prudentes en su aplicación, ya un exceso podría tener consecuencias nefastas, empeo- rando la tierra en lugar de mejorarla. Por tanto, la adición de este tipo de correctores solo es aconsejable en casos bastante extremos, que serían los de aquellos suelos con un pH inferior a 5 o superior a 9. Generalmente, las tareas de prepa- ración de suelo se llevan a cabo al final del invierno o durante la prima- vera, abonando al mismo tiempo. Para el cultivo en tierra madre, lo más reco- mendable es utilizar abonos de origen orgánico como humus, estiércol, guano, ceniza, etc. Los abonos químicos deben combinarse con fertilizantes biológicos para mantener la estructura del suelo, por lo que su uso es más complejo. La gallinaza, el humus de lombriz, el estiércol de oveja o la harina de sangre son abonos ideales para el crecimiento por ser ricos en nitrógeno o micronu- trientes, de forma que favorecen el desarrollo vegetativo. Para la floración podemos agregar al suelo guano de murciélago granulado, que es rico en calcio, fósforo y micronutrientes, o bien, harina de huesos, que también es rica en fósforo. Asimismo, para una cosecha abundante debemos aportar potasio mediante la adición de cenizas lo más recomendable es utilizar abonos de origen orgánico como humus, estiércol, guano, ceniza, etc. El estiércol de oveja es un excelente abono orgánico
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