El Cultivador
39 cursos EC plantas van aumentando su capacidad de absorción de agua y minerales. Si cultivamos en interior o enmaceta en exterior, iremos variando la fertili- zación aportada mediante el riego según las necesidades de las plantas en cada momento. Pero si cultivamos en tierra, lo más conveniente y econó- mico es acondicionar el suelo de forma que aportemos nutrientes para todo el cultivo. En ambos casos, es aconse- jable utilizar un sustrato sin abonar o ligeramente abonado para las primeras semanas. Lo cual se traduce en que debemos empezar cultivando en maceta, y trasplantar posteriormente al huerto si disponemos de él. Un tipo ideal de sustrato para estos primeros días de vida son las mezclas llamadas light mix, que son esponjosas y aireadas y están ligeramente abonadas. Nor- malmente, en cualquier growshop disponen de varias marcas de esta clase de sustrato. En lo referente a la aplicación de fer- tilizantes mediante el riego, durante los primeros estadios de desarrollo del cultivo, emplearemos sólo agua. Al empezar la fase de crecimiento, apor- taremos fertilizantes ricos en nitrógeno, cuya cantidad iremos aumentando conforme las plantas crecen, con cui- dado de no causar excesos. Antes de empezar la floración, iremos redu- ciendo las dosis de abonos de crecimiento para ir añadiendo a la solución nutriente fertilizantes ricos en fósforo y potasio. A medida que las plantas van empezando a florecer, debemos ir sustituyendo progresiva y totalmente los primeros por los segun- dos. Asimismo, éstas también necesitan micronutrientes, por lo que aportare- mos potenciadores durante todo el cultivo o, al menos, durante el paso de crecimiento a floración. Si optamos por abonar el sustrato o vamos a cultivar en suelo, lo idóneo es añadir humus de lombriz y estiércol de oveja o harina de sangre para el crecimiento, mezclados con guano de murciélago granulado o harina de hue- sos y cenizas de madera para la floración. Los primeros son ricos en micronutrientes y nitrógeno, que es requerido por las plantas en grandes cantidades durante el desarrollo vege- tativo, y los segundos, en fósforo y potasio, que son necesarios para la formación de flores. Además, también debemos labrar la tierra a una pro- fundidad de unos treinta centímetros para dejarla suelta y que las raíces puedan penetrar en ella. Aparte de añadir abonos al sustrato, ya sea en forma sólida o mediante el riego, también podemos agregar orga- nismos vivos que mejoren la salud radicular y faciliten la absorción de nutrientes. Los hongos formadores de micorrizas, el trichoderma o las rizo- bacterias promotoras del crecimiento vegetal son un ejemplo de ello. Se conoce con el nombre de micorriza a la relación simbiótica que se establece entre las raíces de una planta y un hongo. Mediante esta unión, la primera recibe del hongo nutrientes y agua, y éste, a su vez, carbohidratos y vita- minas. Además, esta asociación proporciona otros beneficios a los vege- tales, entre los que destacan la protección ante el ataque de parásitos, hongos patógenos y nematodos y la limitación de la absorción de metales pesados. Por otra parte, el trichoderma es un hongo que no aporta nutrientes al cultivo de forma directa, sino que su función es protectora y vigorizante. Al presentar un ritmo de desarrollo si cultivamos en tierra, lo más conveniente y económico es acondicionar el suelo La obtención de turba destruye las turberas, que son ecosistemas milenarios, de forma irreversible
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