El Cultivador
51 activismo Sin embargo, mientras asistimos a esta efervescencia de políticas canná- bicas, las asociaciones de personas usuarias de cannabis siguen sin una regulación estatal que contemple su actividad. El fenómeno del asociacionismo can- nábico se ha extendido por todo el territorio español. A día de hoy, el número estimado de asociaciones exis- tentes oscila entre 800 y 1.500 entidades con representatividad en todas las comunidades autónomas. Sin embargo, debido al marco de alegalidad en el que se encuentran, es imposible conocer el dato exacto o llevar un recuento de las altas y bajas. De hecho, las asocia- ciones cannábicas se enfrentan a un laberinto jurídico que, ante la falta de una regulación estatal, suele acabar en game over en un gran número de oca- siones. Dentro de este contexto de inse- guridad legislativa, la cuestión principal que se plantea entre el conjunto de la comunidad es: ¿de qué hablamos cuando decimos club social de cannabis o CSC? Sin duda, el proyecto principal de ConFAC son las asociaciones cannábi- cas. Desde la organización, llevamos más de veinte años apostando por la regulación de los aspectos relativos al uso personal de cannabis, como la des- penalización de la tenencia o la protección del cultivo para uso personal y colectivo, así como por el constructo jurídico del consumo compartido y su consecuencia lógica, los CSC. En con- creto, las asociaciones que forman parte de ConFAC trabajan en base a códigos de buenas prácticas (o CdBP). Bajo la forma jurídica de una asociación sin ánimo de lucro, son generalmente ges- tionadas de forma democrática y tienen la finalidad de abastecerse de cannabis de forma colectiva y segura, a través de un circuito cerrado y un círculo concreto de personas, fuera del alcance de terceras y evitando así el contacto con los mercados ilícitos. El origen de esta fenómeno data de 1993 y nace de la voluntad colectiva de evitar el acceso a la sustancia a través del mercado negro. La Asociación Ramón Santos de Estudios sobre el Cannabis (ARSEC) es la primera en llevar a cabo una consulta a la Fiscalía Antidroga de Cataluña sobre la viabi- lidad de llevar a cabo un cultivo colectivo de cannabis, la primera en ejecutarlo y en provocar jurisprudencia al respecto. En definitiva, estas entidades basan su funcionamiento en un modelo de autoabastecimiento colectivo y se pre- sentan como una alternativa de acceso para miles de personas usuarias. No solo ofrecen un espacio privado y seguro para el consumo, sino que también cuentan con herramientas necesarias el número estimado de asociaciones existentes oscila entre 800 y 1.500
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