El Cultivador

ese toque más travieso, o del jengibre, con un matiz más bruto, por qué no conocer la amazónica muira puama ( Ptychopetalum olacoide ), el también latinoamericano clavo huasca o la damiana ( Turnera diffusa ). Y no todo en la vida va a ser estimu- larse, claro, así que si resulta que… ¿la necesidad de sedación, analgesia o de una larga noche de sueño es mayor? Además de, por supuesto, nuestras tilas, valerianas, melisas, lavandas… echemos un vistacito al interesantísimo kratom ( Mitragyna speciosa ), parti- cularmente a la variedad “vena roja” (la más relajante), conozcámoslo en profundidad para saber de sus propie- dades y de sus riesgos y ajustemos bien la dosis. Sobre la lindísima amapola nos vamos a abstener de hacer comentarios, por pura autoprotección. Solo diremos que, si determinadas plantas y sus extractos fueran legales y conocidos nadie en sus cabales recurriría a las benzodia- cepinas, que procuran cierta calma, hipnosis o analgesia a costa de la clari- dad mental y que, obviamente, y pese a cuentos prohibicionistas para no dor- mir ( ejem …) tienen tanto o mayor potencial de abuso, dependencia o adic- ción que las sustancias estigmatizadas. Si lo que nos ocupa es la búsqueda de un sueño más relajado o con algunas dimensiones oníricas más potenciadas, podemos infusionar la escutelaria ( Scu- tellaria galericulata ), hacer una decocción de lechuga silvestre ( Lactuca virosa ) o conocer la ancestralmente utilizada enOceanía raíz de kava ( Piper methysticum ), el interesante loto azul ( Nymphaea caerulea ) o la semilla afri- cana de los sueños ( Entada rheedii ). La dimensión psicodélica es otro cantar, pero ¿y si usáis el cannabis para echaros solo “el porrito de dor- mir”? Además de ¡por favor! sin mezclarlos con tabaco y de vaporizar en lugar de fumar la hierbita o el hash sin THC y con alto porcentaje de CBD, o de usar este cannabinoide puro cristalizado (y en el caso de que no se consuma CBD en concreto por alguna patología, sino para relajarse y conciliar el sueño) está bien conocer la wild dagga ( Leonotis leonorus ) a la que llaman “la marihuana africana” (salvando las distancias), lo que de paso permite esquivar algunos efectos secundarios negativos de la original. Nos referimos a circunstancias tan repetidas como que, por ejemplo, quince horas después de consumir cannabis os hagan el drogotest y os 62 Consumo ConCiencia si determinadas plantas y sus extractos fueran legales y conocidos, nadie en sus cabales recurriría a las benzodiacepinas Gingseng (Alexsseika, depositphotos)

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