El Cultivador

y ahí ya podemos incluir también las anfetaminas, la MDMA…), el balance de usar más otras sustancias diferentes podría resultar positivo también en términos medioambientales e incluso laborales. Ojalá se pudiera (tal vez sea así) cul- tivar en otras muchas latitudes las increíblemente nutritivas y llenas de propiedades hojas de coca, o producir aquí otrasmuchas plantasmencionadas, aunque en realidad, lo realmente dese- able, como en el caso de los alimentos, sería que la producción de drogas, ade- más de obviamente legal y bien regulada, fuera de proximidad, ecológica y, por tanto, se llevase a cabo con espe- cies bien adaptadas a cada ambiente; como sería deseable, asimismo, manejar bien no solo nuestras conocidas tilas, lavandas, romeros, tomillos, valeria- nas… sino recuperar el conocimiento de muchas más. El genocidio y el etnocidio en América Latina fue brutal, pero allí la pérdida de conocimiento de la naturaleza, Impe- rio e Iglesiamediante, fue menos lesiva que la que se produjo en Europa y en otros países mediterráneos y, con ello, en buena parte del mundo. No es este el lugar para repasar cómo la recién convertida en religión imperial ordenó la quema de la biblioteca de Alejandría a finales del siglo IV (hablamos de unos 120.000 volúmenes destruidos) con lo que se buscó eliminar, entre otras muchas cosas, unos saberes farmaco- lógicos ancestrales que ya se consideraban heréticos por la versión dominante de tan amablemonoteísmo 3 . Tampoco es un espacio para repasar la criminalización de lamal llamada “bru- jería”, una represión política sobre quienes desafiaban las estructuras (patriarcales, religiosas… de poder, en definitiva) dominantes. Ni siquiera vamos a repasar los daños del último y bestial episodio: la contemporánea doc- trina prohibicionista que todavía sufrimos y que nació en los albores del siglo XX. Una cruzada de raíces colo- niales, fundamentalistas y xenófobas que estableció la “guerra contra (algunas) drogas”, mien- tras fomentaba otras, y que nos tiene sumidas en una lamentable far- macoignorancia . Es lugar simplemente para reivindicar, una vez más, que tenemos el derecho y, más aún, la obligación, de saber y de resistir contra cualquier poder inquisitorial, antiguo, medieval, moderno o contemporáneo, que quiera privarnos de eso. Por amor al conocimiento, por dignidad, por dere- cho, por salud y sí, para drogarnos con responsabilidad personal y social como nos dicte la ciencia, la sensatez y la razón. Referencias 1. La cita pertenece al farmacólogo Louis Lewin, en la introducción a su obra Phantastica , de 1924. La expresión “ Homo sapiens abstinensis ” la conocemos a través de Eduardo Hidalgo, aunque no podemos asegurar que sea de su autoría. 2. Puedes leerlo aquí: bit.ly/3uDlwOk. 3. Por cierto, tras vivir en las Américas, Francisco Hernández escribió en diecisiete volúmenes una Historia Natural de las Indias . Si el famoso Materia Médica , de Dioscórides, mencionaba unas 300 plantas, el de Hernández mencio- n a b a más de 3.000. 64 Consumo ConCiencia Es lugar simplemente para reivindicar, una vez más, que tenemos el derecho y, más aún, la obligación, de saber Ayahuasca (eskymaks, depositphotos) Hierba de San Juan, también conocida como hipérico (Madllen, depositphotos)

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