El Cultivador

opuestas, hemos vuelto a una polaridad casi primitivista. Yo el virus lo he pasado, el virus está, que lo rocían, que lo crean, que nos vacunan... pero ha hecho que nos conciencie de algo que era muy individual. Hemos visto la muerte al lado, ha muerto más gente de tuberculosis que de COVID, pero constantemente nos bombardean. Es un acoso, aunque quieras vivir desde la alegría y desde la construcción, se te están cortando los pies cada minuto. El enemigo actual de estos 2020 y 2021 no es ni el COVID, ni los gobiernos, ni las vacunas… es la tristeza, porque el ser humano necesita del canto, de besos, de enojarse, del tacto… sin tacto morimos. Necesitamos reforzar la con- fianza en el ser humano. Es eso lo que se está mellando, por un lado; y, por otro, llevamos años en que nadie acaba la ESO, que nadie acaba bachillerato. No hemos estimulado a la gente que estudiar es libertad, que leer es libertad, que a mí me puede decir lo que quiera el gobierno, pero si yo conozco mis leyes, puedo crear algo nuevo. Nos han doblado con la tecnología de tal manera que la gente pasa por la ESO o el bachi- ller y no se acuerda de nada. Esto permite que cualquiera que venda humo, avance, y es lo que ha ocurrido. Es una llamada de alma a recuperar esa soberanía, a replantearme qué puedo hacer. El olvido del ser humano como esa raza que crea cosas es lo que ha traído esta decadencia. Yo creo que simplemente es el final de un tiempo, como la revolución francesa, como tan- tas que ha habido, para que nazca algo nuevo, pero estamos en el baile más feo, que es intentar controlar que no se rompa lo que sucede, cuando en realidad hay que soltarlo para que explote de una vez por todas y empezar de cero. Has dicho que esto es un llamado de almas, ¿a qué te refieres? Estamos afrontando los mayores mie- dos a los que un ser humano se puede enfrentar: el miedo a la perdida, a la enfermedad, a la muerte, al abandono de mí mismo o el no ser llamado por nadie… y la soledad, el gran peso de la soledad. Ahora sí que no puedes huir, estás en tu casa, quince días no puedes salir, quince días sí, y tienes que enfren- tarte a tu silencio. En el silencio es donde lamente es más creadora, donde empiezas a fabular y a ampliar esas ansiedades. Es ahí donde vamos a tener que hacer un trabajo de transformación, porque el COVID puede ser un pro- blema, pero en los hospitales hay muchísimos precipitados y eso no se dice. Gente que salta por la ventana creyendo que así podrá pagar la hipoteca de su mujer y las aseguradoras… eso no lo cubren. El viaje en este planeta, en este parque temático llamado Tierra, es aceptación y transformación. Si nos hubiéramos trabajado de a poquito, y no tuviéramos tanto dolor ni tanta ira interna ante cualquier cambio, estarí- amos en un proceso creativo. Hay países que han sido muy sinceros, han dicho esto va mal, puede durar cuatro años. Aquí nos lo van dando a quince días, con lo cual te dan el caramelo y te lo quitan, y esto a nivel emocional es una olla a presión. ¿Qué se puede hacer a nivel colectivo? Intentar quitar el miedo a la gente. Primero trabajarnos los nuestros a nivel personal, y cuando alguien te cae, porque ha recibido una avalancha de miedos, y necesita pasársela al otro, decir “¿Pero has cogido el virus? ¿Has visto cuanta gente ha vivido?” Mirar el otro lado, ir calmando esa angustia, que en realidad viene del instinto de supervivencia de miles de generaciones atrás. Toca que vean que hay camino, como lo hubo para la gente que se escondió en la época nazi y tuvo que estar cuatro años en un armario… y sobrevivieron. Son retos que, a nivel 74 voces conscientes Te dan el caramelo y te lo quitan, y esto a nivel emocional es una olla a presión Nos han parado para que volvamos a la esencia

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