El Cultivador
11 activismo empresas para exportar cannabis medicinal, y la televisión pueda hacer gala de los beneficios de los cannabi- noides en la salud, los usuarios terapéuticos continúan abandonados, presentando dificultades para acceder o cultivar su propia marihuana, empu- jados hacia la criminalización. Una criminalización acrecentada por la tan conocida y repudiada “ley mor- daza” que, después de seis años desde su entrada en vigor, y casi tres legis- laturas de falsas promesas de derogación, continúa en un agotador proceso de enmiendas que se prorro- gan de forma periódica diluyendo el debate público y dilatando en el tiempo su abordaje parlamentario. En este asunto, la tenencia o consumo en vía pública continúa siendo una cuestión delicada para el Gobierno, posiblemente porque la recaudación por esta causa ha experimentado una subida del 261 % desde la entrada en vigor de la ley. España es el único país que supera las 300.000multas anuales por tenencia o consumo personal de cannabis en vía pública pese a no ser el más consumidor (según datos del Ministerio del Interior). Esta situación de persecución se ha visto intensificada en los últimos meses y la nueva ofensiva del poder judicial y policial no solo se ceba con las personas usuarias, sino que también afecta a asociaciones can- nábicas, cultivadores, productores de cáñamo, bancos de conservación de genéticas e impulsoras de iniciativas relacionadas con CBD. Frente a este panorama y ante espe- ranzas de cambio, existen partidos políticos que han anunciado pública- mente la presentación de propuestas de regulación para este año como Uni- das Podemos y Esquerra Republicana de Catalunya. Geroa Bai también cuenta con una propuesta admitida a trámite en el Senado para regular los clubes sociales de cannabis. Esperamos que alguna de estas iniciativas eche pronto a andar y que la sociedad civil pueda participar en esos procesos de nego- ciación con la intención de dotar de la máxima seguridad física y jurídica a las personas usuarias. Ante esta situación, ¿cuáles son nuestras (pre)ocupa- ciones? La primera de todas nuestras preo- cupaciones, como parte del movimiento cannábico, es cultivar. No queremos una regulación que deje a nadie fuera, autocultivadores y asociaciones son legítimos garantes de la cultura can- nábica y el cultivo de la planta. El autocultivo personal y colectivo es la única forma de regulación que de verdad protege y defiende los derechos de las personas usuarias y que a su vez res- ponde a las necesidades de las asociaciones cannábicas y de los dife- rentes actores del sector. Tememos que una regulación que no contemple estas dos realidades será una regulación vana que puede arrasar con un legado cannábico que nos ha llevado décadas (re)construir. Uno de los principales desafíos en el ámbito de la regulación, tal y como comentabaMartín Jelsma, coordinador del programa Drogas y Democracia del Transnational Institute en la jornada de las Mesas Sembrando el Cambio, “hace referencia al papel de las asocia- ciones cannábicas en el acceso a servicios terapéuticos para las personas usuarias”. El sector del cannabis siempre ha tenido presente el principio de com- pasión, ya que a la planta siempre han acudido personas para paliar sus dolen- cias. De hecho, desde que existen asociaciones cannábicas en España, las personas usuarias terapéuticas han estado involucradas. Sin ir más lejos, el propio Ramón Santos, abogado de ARSEC (1991), era una persona usuaria que utilizaba el cannabis con fines terapéuticos; y, como ARSEC, las demás Asociaciones de Estudios Sobre Cannabis (AMEC, ARSECA, Kalamundia, etc.) contaban en sus filas con personas usuarias que utilizaban cannabis con estos fines. Poco a poco, y gracias a la colaboración de profesionales con el trabajo de aso- ciaciones vascas y catalanas, se comenzaron a generar conocimiento sobre los usos terapéuticos de la planta, la ciencia avanza por su cuenta y cada vez más especialistas en salud reconocen al cannabis como una alternativa para ciertas patologías
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